martes, 11 de febrero de 2014

Ni funcionario ni precario… ¿profesionario?


Algunas críticas me han llovido en las redes sociales por referencias a opiniones mías en el reportaje de Jaime Prats de El País de ayer: “Sanidad pública… y eficiente”.
Hay un párrafo donde tres entrevistados coincidimos…

Quizás haya margen de actuación dentro del propio estatuto marco del personal de los servicios sanitarios para desarrollar un sistema más flexible, como comenta José Repullo,…, que también destaca que “hay que profesionalizar y desfuncionarizar”. O quizás no tenga sentido la figura actual. “Un médico no necesita ser funcionario ni estatutario, lo que necesita es saber de medicina”, sostiene Salvador Peiró,…. La funcionarización solo tendría sentido en determinados cuerpos de la Administración, como en la judicatura o las fuerzas de seguridad del Estado, añade Juan Oliva,….
Y otros discrepan desde su sensata desconfianza en la probidad de los decisores públicos de antes y ahora…
Para Marciano Sánchez Bayle, …no es preciso tocar la situación actual. “El sistema estatutario da independencia a los profesionales, los protege, como a los jueces, de injerencias externas y les permite ser agentes de la salud de sus pacientes, al margen de presiones”…¿Se podría eliminar el sistema de OPE y la condición de estatutario? ¿Se podría generalizar el contrato laboral no funcionario?.. Esto acabaría en contrataciones arbitrarias, “Yo, que ya soy mayor, viví los concursos descentralizados y entonces la plaza iba para el sobrino del jefe de servicio”, explica.

Hace no mucho, también el El País intenté argumentar sobre este dilema…  (“ataque a los funcionarios vitalicios”). http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/10/actualidad/1386709005_023946.html
Por si hay dudas de mi posición y convicción en el empleo público de calidad, me permito trascribir los dos párrafos finales:

Sin cuerpos funcionariales lo que habría sería contratos laborales que decidiría el poder político de turno. Imagínense una gestión cortesana de los puestos de administrativo, maestro, enfermera, juez, catedrático, médico, policía… y cesantías decimonónicas generalizadas tras los cambios electorales.
La calidad en el empleo conviene a todo tipo de trabajo, porque promueve la calidad de desempeño y la excelencia. La estabilidad reforzada de los funcionarios a quien de verdad interesa es a los ciudadanos, para que las decisiones colectivas sirvan al interés general. Y la extensión de la estabilidad laboral reforzada para profesionales de la sanidad, enseñanza, servicios sociales, etc. sin tener la misma significación, sirve para que los que nos atienden en los servicios públicos personales, se alejen del ánimo de lucro y su motivación se cimente en la satisfacción por el trabajo bien hecho y por ayudar a los demás. No nos dejemos engañar por el pensamiento trivial.

Hay dos tipos de debate posible: el defensivo y el reconstructivo.

En el defensivo, y mientras el campo esté dominado por mequetrefes irresponsables que buscan ahorros lineales inmediatos (estilo Montoro) o negocios rápidos (estilo Lasquetty-González), parece que no conviene apartarse mucho del estatus de funcionario, que es el único que tenemos a mano para reducir los costes de interferencia políticos.
Pero, en el reconstructivo, necesitamos buscar alternativas más sensatas al concurso oposición; en muchos países no está reñida la calidad de empleo con modelos de selección y vinculación profesional. Y tiene muchas ventajas para todos.

Pongo un ejemplo; cuando en un hospital de Edimburgo pregunté a un responsable de Medicina Interna cómo procedería si se jubilara un médico de su equipo, me contó que: haría una descripción del puesto (“job description”) con las características de lo que se necesitaba (áreas de capacitación, competencias, etc.), luego el hospital lanzaría el concurso y pre-seleccionaría a los candidatos; se convocaría un comité de selección con médicos de fuera y dentro del hospital y de fuera y dentro de la especialidad; se valorarían las solicitudes, se harían entrevistas si procede, y finalmente se concedería la plaza; y el interesado pasaría a ser Consultant del NHS. Aunque si quisiera ir a otra plaza tendría que volver a concursar… no existirían los concursos de traslado, pues no son “funcionarios” en sentido estricto.

¿Alguien ha tenido la experiencia de “baremar” a médicos clínicos?; la evaluación de la excelencia a través de puntos por cursos o clases, o proyectos de investigación o por publicaciones o años trabajados es patética; sólo puede ocupar una parte muy pequeña de la cuantificación del desempeño.

¿Alguien se ha visto en la enorme dificultad de hacer o valorar un examen para profesionales donde se juegue y juzgue una plaza?: requiere una enorme especialización hacer buenos exámenes, y grandes esfuerzos ponerlo en marcha… hacerlo para un hospital, o incluso para una Comunidad Autónoma es posiblemente poco eficiente e incluso algo atrevido.  

Mejor sería un examen tipo “board” anual (¿porqué no lo asume el Ministerio de Sanidad como servicio público para todo el SNS?) que diera una calificación con la cual “habilitarse” o “acreditarse” para acudir a los  concursos de méritos locales donde se analiza la competencia vinculada a la tarea específica a desarrollar. Algo parecido a lo que hoy existe para los profesores de universidad… O lo que hacen los “pacticien hospitalier” de Francia. Combinar evaluaciones central (conocimientos generales) y periférica (competencias requeridas localmente).

Porque “funcionario” viene de función; y en sanidad ya tenemos una arquitectura funcional básica (médicos, enfermeras, …). Pero dentro de estos grupos funcionales lo que existen son profesionales, que sólo se pueden juzgar con mecanismos específicos y partiendo de la orientación a la tarea (no a la función) que van a desarrollar.

¿Qué hacer?; ¡uf!; dilema habemus. Si se cambiara la enorme interferencia política en sanidad, con consejos de gobierno por hospital, gerentes profesionalizados, y áreas de gestión clínica con acuerdos e información trasparente… ¿porqué no intentar mover poco a poco el modelo hacia un esquema más profesional y menos funcionarial? No olvidemos que en el esquema actual, fuertemente funcionarial, las autoridades siempre pueden optar por congelar las plazas, e imponer la “dictadura del precariado” sobre la base de un universo de interinos y eventuales, combinado con la externalización de los nuevos centros y servicios a estructuras laborales perfectamente engrasadas para limitar la autonomía profesional y exprimir los años de juventud de nuestros médicos y enfermeras al máximo posible.  

Por eso cabría decir, acuñando un neologismo, que entre la funcionario y precario, estaría el “profesionario”.  ¿Qué no existe?: inventémoslo,  e insistamos hasta que en el diccionario de Google se admita como válida…





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