miércoles, 18 de mayo de 2016

Creer en la necesidad de un gobierno del Sistema Nacional de Salud no es ser centralista.


El otro día en una tertulia de internet expresaba mi preocupación por la dificultad de control de la endogamia y el localismo de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas. La verdad es que en mis viajes por diferentes lugares, estoy constatando un creciente problema del espacio de gobierno y gestión autonómico de la sanidad; y presumo que también de otros servicios de bienestar.
 
Algunas quejas… Los Servicios Autonómicos de Salud están tan constreñidos por las autoridades económicas y de función pública de las CCAA que cada vez tienen más problemas para gestionar de forma racional y eficiente sus funciones y servicios; los costes de interferencia políticos son enormes, la dificultad de comparación con otros es muy limitada, y la claustrofobia organizativa es asfixiante.

En dicha tertulia comenté que la existencia de una entidad central podría ayudar a las autoridades sanitarias autonómicas a balancear el excesivo localismo, y el achique de espacio de gobierno y gestión que se estaba experimentando. Y mis amigos me tildaron de centralista (jacobino), regalándome con múltiples ejemplos de la incompetencia y absentismo del Ministerio de Sanidad… vamos, que en el centro había más problemas que soluciones…

Bien, pues quiero argumentar en torno a este dilema… porque sin negar la precitada falta de talento y voluntad de gobierno, creo que no será fácil construir un Sistema Nacional de Salud sin que las partes se apoyen en un todo… Veamos… en primer lugar revisemos el escenario actual:

Las reglas de juego de la administración central ya están claras: desde Rodrigo Rato y Pedro Solbes (leyes 21/2001 y 22/2009 de financiación autonómica, y las trasferencias de 2001), el Gobierno de España es feliz con sus tres funciones “residuales”: RE-CAUDAR, RE-PARTIR, y RE-GAÑAR. El bueno de Montoro ha disfrutado tanto con estas sencillas reglas...

La Administración General del Estado y no tiene servicios personales; no tiene ventanillas, no tiene que mancharse las manos… no es responsable de nada directamente; no tiene que negar la vacuna de la Hepatitis C a pacientes de carne y hueso… ; e incluso puede emplear su tiempo  con divertimentos políticamente rentables: por ejemplo, firmando acuerdos con Farma-Industria que prometen a la farmacia crecer con el PIB cuando todo lo demás decrece con el Programa de Estabilidad del Reino de España… el viejo deporte de INVITO YO Y PAGAS TÚ.

El que aún retengan la Seguridad Social es porque es una prestación dineraria (no en especie) que actúa como estabilizador económico y como hucha, además de redondear el discurso patriótico.

Visto así de descarnado, los del Ministerio de Sanidad, han de dedicar un gran esfuerzo a aparentar que siguen existiendo; lo que cada día exige más creatividad…

Aunque sigue habiendo un espacio para política y gobierno del Sistema Nacional de Salud, el abandono político y organizativo al que se ha sometido a este desdichado Ministerio, ha conducido a que se jubilaran las personas y se vaciaran los recursos: un Ministerio anoréxico no puede liderar un sector tan complejo sin contar con un quantum amplio de cuadros competentes. 

La gestión del conocimiento es la clave del gobierno de las organizaciones profesionales y científicas; pero paradójicamente vemos que el Instituto de Salud Carlos III es centrifugado por Zapatero a Innovación, y recentrifugado por Rajoy a Economía y Competitividad. Celebrando su 30 aniversario, este Instituto es visualizado políticamente como un subastador de ayudas a la investigación, más que como un recurso clave en el gobierno del Sistema Nacional de Salud… otra vez sintonizando con la fascinante tríada de Recaudar-Repartir y Regañar…

Esta desertización ministerial es causa y efecto de la devaluación política progresiva: los máximos responsables calientan un rato el sillón antes de marchar a lugares más fértiles (o no, que diría Rajoy).

Y la suma de la falta de talento y el deseo de aparentar estar vivos, lleva a cometer errores y torpezas típicas de los zombis: la regulación de la gestión clínica y de la prescripción enfermera serían casos-estudio de temas que iban navegando a su deriva, y que cuando se ponen encima de la mesa de la autoridad sanitaria central se envenenan…

¿Jacobino yo?; para ser jacobino se necesita defender un Estado que crea en sí mismo; hoy no hay gente más “abertzale” para los servicios de bienestar que las autoridades económicas de España, y las autoridades políticas de la sanidad, la educación y los servicios sociales: porque el juego de Recaudar-Repartir y Regañar no es deseo de gobernar sino de medrar o mangonear; incluso la reforma Wert de la educación, más que jacobina es visionario-cretina… esta tendencia que tienen los grandes-pequeños hombres de pasar por un sitio y que se note que han pasado (¡que hablen de mí, aunque sea bien!).

Lo que sí digo es que las partes que componen el SNS necesitan apoyarse en un todo, porque en general son muy pequeñas, y están sometidas a unos costes de interferencia políticos insoportables e inmanejables.

¿Qué tal la idea de una Agencia de Servicios Autonómicos de Salud que sea un poco más horizontal y menos politizada que la actual Mesa de Tertulia Interterritorial? Que los que se sienten como socios, aunque no tengan los mismos sueños, puedan al menos hacer frente juntos a las mismas pesadillas…


4 comentarios:

  1. Comparto, en general, el análisis que se hace de los macro problemas del SNS. Pero hay que pensar, en mi opinión, que estos problemas son trasladables a otros ámbitos como podría ser el educativo. Para mí están condicionados por dos factores claves:
    - modelo territorial altamente incongruente; no hay más que fijarse en la reforma que está llevando a cabo Francia en su organización territorial para sacar conclusiones
    - falta clásica de sentido de gobernanza y de Estado en este país.
    Dudo que una agencia de servicios autonómicos dé respuesta a los problemas que tiene el SNS; al final cada CCAA mandaría a sus acólitos. En teoría hay numerosos grupos de trabajo y comisiones de carácter técnico en el Ministerio para que las decisiones que se pudiesen tomar tuviesen un marcado aval técnico-científico.
    Pongamos el ejemplo del Ataluren: los profesionales sanitarios han desaconsejado la administración del fármaco basándose en información científica y han sido las instancias políticas de cada CCAA las que han tomado la decisión ¿apoyados en qué argumentos?
    Hay que pensar en una nueva forma de hacer gobierno en la sanidad y en el resto de políticas.

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  2. Gracias, María José, por tus interesantes reflexiones. La palabra incongruente me parece clave; y la de gobernanza.
    Si las combinamos, cabría decir que existen objetivos e intereses no alineados entre los agentes. A eso me refería con el "invito yo y pagas tú".
    La creación de una agencia sólo tiene sentido si va acompañada de cambios en las reglas de juego que ayuden a que cada palo aguante su vela: financiación finalista y órganos técnicos independientes con capacidad de dictamen autónomo y sin conflictos de interés...
    Como no creo que se pueda rediseñar el Estado de las Autonomías (ha cristalizado y todos parecen que estan confortablemente instalados), y el genio centrífugo ha escapado de la lámpara, lo que toca ahora es reeducar al genio con incentivos poderosos: asignación financiera finalista y gestión del conocimiento.
    Un saludo
    Repu

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  3. Totalmente de acuerdo, José. Pero yo creo que el Estado puede rediseñarse y debe hacerlo adaptándose a la evolución de la sociedad; pero evidentemente España no está preparada para ello en este momento.
    "En la tristeza de la interminable mediocridad que nos ahoga por todos lados, me consuela que en algún lugar, en alguna habitación pequeña, algunos obstinados luchan por eliminar el desgaste."

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  4. La racionalidad tiene mucha fuerza; pero es una semillita que hay que cuidar todos los días... ignora el estruendo de fuera... hay que aprender a perseverar con inteligencia y habilidad. Y sabiendo que hay batallas que se van a perder. Pero creo que tenemos cada vez mejor diagnóstico... ya la terapéutica es otra cosa...

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