lunes, 9 de noviembre de 2015

Por un régimen estatutario especial para la buena gestión de los profesionales sanitarios del SNS

Este artículo ha sido publicado en Diario Médico; al no se accesible para los que no están registrados en el mismo, lo incluyo en mi blog...


Tribuna de diario médico
 José Ramón Repullo   |  09/11/2015 00:00

Un estatuto para el médico más flexible

El autor aboga por reformar el Estatuto Marco para establecer un sistema opcional para cubrir las vacantes, basado en el 'board' americano, con el objetivo de facilitar la movilidad y el empleo.

Por más vistoso que sea un edificio, o más fascinante que sea una tecnología, lo importante en sanidad es la adecuación y competencia de aquellos que consiguen que los recursos materiales se conviertan en servicios apropiados y de calidad. Las políticas de recursos humanos deberían ser una clara prioridad; son "transversales" para otros cambios como la gestión clínica, los crónicos, la planificación de efectivos, la calidad, la humanización, etc.
Sería un excelente momento para articular una estrategia racional de reforma; pero estas cosas ya se han intentado y han tenido poca eficacia (pactos de Estado abstractos y fáciles de inutilizar en su aplicación). Vicente Ortún, rector de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), propuso gestionar cambios por radicalismo selectivo: evitar grandes reformas y centrarse en transformaciones escogidas, de gran alcance, sobre un frente clave y reducido para evitar las coaliciones de bloqueo.
En esta línea propondría como política clave retocar el Estatuto Marco creando un régimen estatutario especial para los facultativos, a disposición de los servicios de salud de las comunidades autónomas si deciden utilizarlo, con tres características esenciales:
- Todos los actuales estatutarios con plaza en propiedad se considerarían acreditados para concursar a plazas vacantes.

- El Ministerio de Sanidad ofrecería un examen anual (un hispa-board al estilo americano) para evaluar por especialidades las competencias de los facultativos, y por encima de una puntuación, considerarles también acreditados.
El concurso se haría localmente, en el centro sanitario o en el ámbito que la autonomía establezca como más apropiado, de acuerdo a los requisitos específicos de la plaza y según la reglamentación autonómica.
¿Insólito? Así funciona en esencia la acreditación y dotación de plazas en los cuerpos docentes de la Universidad y también en las de médicos en Francia y en el Reino Unido. Se trataría de combinar una evaluación general de competencias como especialista con otra que juzgue los perfiles diferentes de los candidatos a las características previamente definidas de áreas de capacitación y procesos asistenciales donde se precisa adicionar o reponer capital profesional.
¿Funcional? Mucho, porque cuando existe o se prevé una vacante, un hospital podría sacar un concurso, y en algunas semanas constituir un tribunal de evaluación que permitiera cubrirla, evitando las larguísimas interinidades, fomentando la movilidad, y aportando seguridad jurídica a los facultativos interesados. Lo mismo se podría hacer con nuevas plazas estructurales. Se produciría una masiva desinterinización y deseventualizacion de la sanidad española. En vez de soñar con concursos de traslado que nunca llegan, los interesados tendrían la posibilidad de ir concursando a vacantes en otros sitios cuando éstas se fueran produciendo.
¿Peligro de enchufismo? Tememos, con razón, el nepotismo local, pero se combate con comisiones de selección compuestas por facultativos de varias especialidades y de dentro y fuera del centro. ¿Alguien se cree que no hay favoritismo en el sistema actual? ¿No hemos experimentado repetidamente la consolidación masiva o puntual de interinos y eventuales en el hospital que les acunó?
¿Arriesgado? Lo arriesgado es no hacer nada, y dedicarse a pasatiempos normativos que sobrevuelan los problemas. Pero hacerlo sí que tiene costes. Habría que minimizarlos con una apelación a un amplio consenso institucional, sindical y social, y para eso está la política.
Una médico joven agotada por su rosario de microcontratos eventuales y desilusionada por la falta de futuro se preguntaba si puede haber calidad asistencial sin calidad de empleo. Ni empleo funcionario ni precario: profesionario.

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