martes, 5 de enero de 2016

En recuerdo de José María Segovia de Arana... y en agradecimiento por su labor y ejemplo.



Hoy he ido al hospital Puerta de Hierro de Majadahonda a dar el último adiós a José María Segovia de Arana, que falleció ayer. 

Pena por su ausencia; respeto a una persona singular y extraordinaria; reconocimiento a su contribución a la medicina hospitalaria española, y al sistema público de salud.

También me ha movido a algunas reflexiones; sobre él, y también sobre la paradoja de personajes visionarios y su difícil anclaje en contextos mediocres.

Conocí a José María Segovia en una extraña y curiosa circunstancia. Corría el año 1983, y con sólo 28 años fui nombrado Subdirector de Servicios Sanitarios del INSALUD de Madrid (otro día hablaremos de la oleada de cambios generacionales que conllevó la transición democrática y la reforma sanitaria en España). Me tocaba reorganizar los hospitales de Madrid, entre ellos uno muy singular, la Clínica Puerta de Hierro, a cuyo frente estaba el Profesor Segovia... investido ya en esta época de un aura de autoridad clínica, científica y gestora, así como de un elenco de contactos con el establishment político, económico... y de la propia monarquía. 

Recuerdo que le presenté el proyecto de creación de Áreas de Salud de Madrid, y cómo quedaría el "área de Puerta de Hierro"; el me dijo muy serio y convencido... "José Ramón... no estás bien informado... la Clínica no necesita área..." Cumplí las instrucciones de preguntar al Ministerio ante cualquier divergencia de criterio con "Segovia", y al final me confirmaron que prevalecía el criterio del INSALUD de Madrid... y Puerta de Hierro acabó teniendo área (aunque mantuvo su cultura de hospital terciario con vocación de excelencia rayana en un cierto elitismo fundado en la meritocracia del conocimiento).

Luego le fui conociendo y apreciando; cuando nos ayudó en 1989 a fundar y poner en marcha el Centro Universitario de Salud Pública (CUSP) desde la Universidad Autónoma de Madrid, y con la presencia entrañable de Vicente Rojo; CUSP que se disolvió en la Agencia Laín Entralgo, la cual fue a su vez disuelta en una de esas medidas atolondradas del universo político irracional de Esperanza Aguirre.

La trasferencia del INSALUD a las CCAA no fue buena para Madrid; la Comunidad de Madrid recibió un INSALUD muy ordenado, eficiente y de alta calidad, que no supo gestionar debidamente. Tras unos primeros años de gestión torpe, se desliza por la cuesta del populismo y la privatización. Al final nos encontramos con una rebelión de los profesionales sanitarios defendiendo el Servicio Madrileño de Salud contra los que deberían gobernarlo con prudencia, talento y sabiduría; una rebelión que no era de "antisistemas", sino que unificó a jóvenes y senior en una enorme marea blanca. 

En su punto álgido una reunión en el Colegio de Médicos de Madrid en febrero de 2013, José María Segovia es ovacionado por toda la medicina de Madrid por su papel de defensa de la sanidad pública y de la medicina de calidad... La enorme y sostenida ovación era tanto un reconocimiento a su figura, como un mensaje de desprecio a los que habían llegado a la sanidad de Madrid para aprovecharse de ella...

https://www.youtube.com/watch?v=JT5N3gxw7Gc  MINUTO 11:00

Mi reflexión personal, no exenta de autocrítica: de joven veía al Profesor Segovia como parte de un sistema profesional tradicional y autoritario; algo así como una "casta". También veíamos a los funcionarios del INP como parte de una burocracia franquista y casposa. Pero cuando nos pusimos a trabajar lealmente para consolidar un Sistema Nacional de Salud, ellos estuvieron siempre del lado de defender las instituciones públicas nacidas en el seno de la Seguridad Social. 

Porque lo cierto es que dentro de un sistema corrupto y decadente como era la dictadura franquista, había subsistemas, nichos y personas que habían sabido soportar el contexto hostil y desarrollar proyectos de servicio público en condiciones muy adversas. Una de las formas de sobreponerse a las dificultades era la meritocracia y un despotismo ilustrado de perfil discreto y sumiso con los de arriba... a veces no exento de modales autoritarios con los de abajo (muy de la época). Esta combinación hoy es difícil de entender; como lo era en la época para los que veníamos con culturas políticas de izquierda, que cuestionaban fuertemente el autoritarismo (y con frecuencia la autoridad), y valoraban altamente la democracia y la participación.

Con el tiempo se ha evidenciado que un sistema democrático y unas libertades crean bienestar y prosperidad, pero que los juegos políticos pueden crear élites extractivas y distorsionar el funcionamiento social e institucional: esta crisis de 2008 que tanto ha deteriorado nuestro sistema de salud es un claro ejemplo; pero también el proceso de descentralización sanitaria ha tenido claroscuros con altos coste de interferencia políticos. El caso de Madrid y de Valencia han sido paradigmáticos, como antes he mencionado.

Mi reflexión es que tener métodos democráticos no es suficiente; siempre va a ser necesario talento, entrega, ejemplaridad; y tener figuras visionarias capaces de encarnar ideas y darles forma en el espacio social y profesional. Incluso con el peligro de pecar de cierto despotismo ilustrado, es mejor dar la bienvenida a liderazgos fuertes, que nos salven del filibusterismo al uso, que nos eviten el nadar y guardar la ropa, que nos hagan salir de la "zona de confort".

Eso he pensado al reconocer en José María Segovia a una persona ejemplar, a un líder con el cual he podido no estar de acuerdo en algunas cosas, pero que prefiero mil veces a otros que nunca han arriesgado nada por no equivocarse.

Descansa en paz, amigo José María. Muchos te recordaremos desde un respeto y reconocimiento profundo y sincero.









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