sábado, 12 de julio de 2014

Teorema de la demora exponencial de los trámites administrativos; y el peligro para los servicios públicos.


La racionalidad funcionarial choca con la realidad; lo que parece lógico y ordenado en el mundo administrativo se atasca inevitablemente cuando se intenta poner en marcha. Max Weber seguro que si viviera la jungla burocrática de hoy se arrepentiría de su hagiografía de la burocracia funcional como paradigma de la racionalidad.

Sin embargo, la teoría del caos y la complejidad ayuda a entender porqué las organizaciones y las personas no funcionan como las líneas de montaje de una cadena de producción industrial.

Se pueden coordinar millones de operaciones siempre que individualmente sean sencillas, invariantes y ligadas al determinismo mecánico; pero en cuanto hay la más mínima sombra de variabilidad, interacción o inestabilidad, cada iteración puede dar resultados inesperados y sorprendentes.

En los trámites administrativos, cualquier resultado inesperado o sorprendente supone un retraso inexorable del procedimiento. Y cada retraso exige una nueva gestión: se precisa un sherpa que guíe los trámites y un peón caminero que quite las barreras de la senda.

Por eso cuando uno lee en el boletín oficial una nueva reglamentación con alambicados y lujuriosos trámites donde un procedimiento debe ser enviado a unos, consultados a otros, aprobados, supervisados, intervenidos, fiscalizados, etc... por muchos otros... pues simplemente que las cosas no avanzan, no progresan, se atascan, ... y es necesario llamar, interesarse, presionar, ver cómo va el expediente...  un inmenso caudal de tiempo y energía empleados... ¿dilapidados?

Pues posiblemente buena parte de los trámites administrativos no vale para mucho; porque buscan garantías formales que no siempre son reales. Si pretenden prevenir la corrupción... esta se cuela por todas las rendijas de presión para desatascar un expediente; si pretenden que se cumplan requisitos ambientales, de género, de impacto en salud, etc. con mucha frecuencia los trámites son obviados con informes ad hoc o de conveniencia, o simplemente ignorados con cortocircuitos de trámite de urgencia.

Pensando en ésto, se me ocurrió formular una teoría en línea con el crecimiento exponencial de los retrasos según se incorporan trámites a los expedientes administrativos: he aquí la tabla del TEOREMA

Teorema de la demora exponencial de los trámites administrativos.


(número e = 2,71828183)


Número de Trámites
Tiempo en días
Ejemplo
0
                1,0  
Yo mismo decido y lo hago Ya
1
                2,7  
Tengo que consultar a mi jefe directo
2
                7,4  
Mi jefe a su vez debe consultarlo
3
             20,1  
Hay un tercero que lo visa o interviene
4
             54,6  
E incluso un cuarto que debe dar el ok
5
           148,4  
Imagine un convenio con trámites duplicados ... 


 Imaginen ahora estos trámites en servicios personales; cuando un ciudadano espera un subsidio, una plaza en una residencia, una prueba en un hospital, una consulta... ¿inaceptable, no?... Pues por eso muchos defendemos dos cosas:

1- Reforma profunda de la función pública: menos BOE, y más CONOCIMIENTO, DESCENTRALIZACIÓN Y PROFESIONALIZACIÓN DE LA GESTIÓN

2- Marco más ágil para los servicios personales, y en particular, para los SANITARIOS, donde el control procedimental y administrativo debe acomodarse a un sector profesional: más hablar de resultados y menos de trámites.

Si pudiéramos hacer estos cambios, la gestión pública podría exhibir con igual o mayor honradez que la actual un perfil de efectividad, eficiencia y calidad ante el ciudadano mucho mayor; y mayor posiblemente que el sector privado... 





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