martes, 31 de diciembre de 2013

Al filo del nuevo año horrible para la sanidad de Madrid…¿que hemos hecho para merecer esto?


Todo lo que sabemos o hemos podido aprender del comportamiento del “animal político” sirve de poco para la nueva especie que habita en el entorno institucional de la Comunidad de Madrid. Surgieron posiblemente por una mutación singular promovida por la falta de otros depredadores que compitieran en su ecosistema político, así como por el dominio sociológico de clases medias en la metrópoli, que arrastraron a la “clase cutre-alta” en su identificación patética con las élites dominantes.

A falta de adversarios reales, el clan neolítico se sectariza y deriva hacia un dominio absolutista y arbitrario de los que están al mando de la nave: es el “gobernar sin complejos” de Esperanza Aguirre, que encuentra en su desparpajo insidioso una forma de desarbolar y humillar a sus contrincantes.

Toda secta necesita algún discurso que la legitime, por tenue que sea; y el gobierno de la Comunidad de Madrid decidió estirar su identidad liberal, posiblemente por la simpatía sobrevenida de Aguirre con Margaret Thatcher. Dijo Margaret: “¿quien dijo que los conservadores no creemos en la lucha de clases?... no sólo creemos sino que la vamos a ganar” ; y este divertido discurso de vencedores sin fronteras, además permitía tocarle las narices a los “Maricomplejines” del Partido Popular, que liderados por el antilíder Rajoy intentaba mantener unidos con pegamento los grandes bloques de la derecha que configuran la mayoría política y aseguran la preeminencia electoral (derechona ultracatólica, derechona liberal, derecha apacible, y algún resto del naufragio centrista).

Pero el poder corrompe; y el poder absoluto corrompe absolutamente. En la Puerta del Sol no sólo tomó posiciones Vodafone, sino una auténtica “corte de los milagros”, donde se hacía y deshacía sin el menor problema ni contemplación.

En este entorno van apareciendo los políticos sectoriales que aterrizan en Sanidad: Lamela, Güemes y Lasquetty. Y debajo de ellos una creciente plétora de viceconsejeros y directores generales que se trasmutan en capas políticas de pastoreo lo que debería ser un nivel técnico de desarrollo y control de políticas y servicios. A veces ni siquiera cubren tarea alguna, ya que las fábricas de nuevas generaciones lanzan al mercado político levas de hijos y sobrinos que hay que colocar en puestos de libérrima designación, o en empresas contratadas para hacer lo que deberían hacer las propias administraciones.  

El músculo técnico de la Consejería de Sanidad (por no hablar de otras), se va atrofiando progresivamente. Ningún problema en tiempos de expansión. No hay mucho que gestionar en el paraíso terrenal de la abundancia?... Madrid es una región que crece más que la media por su propia dinámica económica, y hasta 2010 no ha habido necesidad real de tomar medidas serias para controlar el gasto…

Y cuando tocaría empezar a gestionar de verdad, resulta que no hay ni liderazgo, ni ideas, ni equipos; sólo amistades peligrosas que susurran al oído de los políticos sanitarios consejos para salvar cada uno sus muebles.

  • ¿Que la Atención Primaria es fundamental para racionalizar la asistencia en tiempos de crisis y abordar la cronicidad?... Madrid ha desarbolado su estructura, y sólo se le ocurre a estas alturas proponer un sistema de entidades asociativas huérfano de toda credibilidad.
  • ¿Qué las estrategias de Salud Pública pueden suponer un gran ahorro en la morbilidad?... Madrid ha extinguido su estructura especializada en salud pública, dispersando sus fragmentos por todo el organigrama.
  • ¿Qué toca mejorar la gestión pública para promover la eficiencia y el ahorro?... Madrid ha dilapidado todo su capital gerencial y gestor, tras muchos años de cultura centralista, cortesana, y pendiente de los caprichos del político de turno.
  • ¿Qué toca racionalizar la práctica asistencial a través de la gestión clínica?... Madrid se ha convertido en un marco institucional hostil para al profesionalismo, receloso de conceder autonomía a los médicos como resultado de una fe desmedida en modelos de jerarquía empresarial disciplinadora y productivista.  
  • ¿Qué convendría revitalizar el contrato social para un sistema público de salud sostenible?... Difícil hacerlo cuando se han demonizado a todos los interlocutores… sindicales, políticos, gremiales, colegiales, etc.

Así es imposible mover pieza; sólo es posible seguir como un ave descabezada, que aparenta vida inteligente, mientras que la realidad va devolviendo una imagen de su existencia zombi, plasmada en proyectos fallidos (Las Vegas), externalizaciones quebradas (autopistas radiales), Consejeros, Diputados y Alcaldes en el banquillo (Gurtelandia),  y en privatizaciones sanitarias tan chapuceras que han quedado varadas por impugnaciones y recursos.

Tanta insistencia lleva a pensar que ya no hay ideología, sólo interés grupal en aprovechar el poder mientras dure. La patina de ideología se ha esfumado… si es que alguna vez llegó a ser algo más que un maquillaje para salir sin brillos ante las cámaras de Telemadrid.

El nuevo año no tiene buena pinta; en enero sabremos si los jueces mantienen la suspensión de la privatización de hospitales. Creo que para el Partido Popular sería más conveniente que la justicia mantuviera la paralización del concurso; si se reactiva se abrirá otra vez el tarro de los conflictos, sin que haya legislatura suficiente como para gestionar el proceso; y además las convocatorias electorales en curso recogerán la erosión política resultante de perseverar en un proyecto cada vez más alejado del interés general.

Pero todo esto importa poco si los que nos gobiernan, bien sea por soberbia (vanidad política), bien por interés particular (puertas giratorias y recompensas futuras), ensayan un “carpe diem” y se dedican a capitalizar el aquí y ahora sin reparar en los destrozos que en las instituciones y servicios públicos dejarán como herencia.


Veremos que nos depara 2014; pero en todo caso, toca mantener la atención y la movilización. ¿Qué hemos hecho para merecer esto?; quizás no haber sabido reaccionar a tiempo; pero al menos esta lección muchos en Madrid ya la han aprendido.   

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