domingo, 1 de junio de 2014

Paradojas y necedades en torno a la Gestión Clínica: reflexiones desde el congreso de la SEMG de Sevilla.


Paradojas y necedades en torno a la Gestión Clínica

Paradojas del debate...

Tras cada debate sobre la conveniencia o los riesgos de desarrollar unidades de gestión clínica en nuestros hospitales y la atención primaria, me viene a la cabeza la historia hindú de los ciegos que palpan un elefante y refieren analogías totalmente divergentes según la parte del cuerpo que tocan (pata=pilar, cola=cuerda, trompa=rama, oreja=abanico, panza=pared, y colmillo=tubo).

Unos hablan de profesionalismo, implicación, responsabilidad y autonomía; otros temen más presión, menos recursos, y más austeridad auto-infligida; la línea entre colaboración y colaboracionismo es estrecha y sutil...



Ayer estuve en el congreso de SEMG, en Sevilla; y aunque veo que se va avanzando en perfilar aspectos interesantes de profesionalismo y buen gobierno, lo cierto es que existe desconfianza en las autoridades. Visto el tema con panorámica general, me sigue sorprendiendo lo enconado del debate que no se corresponde con algunas experiencias y percepciones de la realidad.

En concreto me llama la atención lo siguiente: en el norte de España crece la desconfianza: la gestión clínica es para ahorrar, para echarle otra tarea a los médicos en la mochila (lo de la sostenibilidad); o peor, para fragmentar primero y privatizar después la sanidad.
Sin embargo, en el sur de España miran boquiabiertos, porque se supone que llevan diez años con eso de la gestión clínica y el resultado es que nada de lo anterior ha ocurrido, pero tampoco notan que las cosas buenas que se supone traía el nuevo modelo se hayan evidenciado.

Bien... en mi modesta opinión, no deberíamos esperar soluciones milagrosas a nuestros graves y complejos problemas; ningún marco organizativo nuevo garantiza el éxito, aunque algunos que hoy tenemos aseguran el fracaso. Pero es verdad que en esta tesitura no debemos aceptar cualquier producto que nos traigan... siempre ha habido legión de vendedores de crecepelo.

Pero sí creo que para el buen gobierno y la buena gestión nos falta la tercera pata: macrogestión (sistema), mesogestión (función directiva en lás áreas y centros sanitarios), y ... microgestión... en los equipos asistenciales que interaccionan con los pacientes cada día.

El fortalecimiento de este espacio de micro-gestión es complejo y exigirá modelos heterogéneos; posiblemente habrá Áreas de Gestión Clínica que agrupen varios servicios de especialidad y unidades afines de servicios centrales; también agrupaciones funcionales para gestionar grupos de procesos muy especializados (las clásicas unidades de trasplante, pero también las nuevas unidades de mama, de ictus, etc.); seguramente veremos algunas intercentros, bien como factorías quirúrgicas (concentración de cirugías electivas para alto rendimiento), bien como unidades de alta especialización; y también ocurrirán cosas como que un hospital nodriza (subregional y terciario), crea espacios de intercambio de facultativos y de pacientes con sus hospitales menores satélites (como forma de compensar tantos hospitales de proximidad con tan difícil cobertura y motivación de sus profesionales).

Con toda esta diversidad posible, es claro que precisamos dos cosas: flexibilidad (para que la herramienta se adapte al territorio); y legitimidad, por la cual la trasformación tiene que tener un fuerte componente de abajo arriba (bottom up).

El sur de España:

Quizás en el caso andaluz se hayan quedado cortos en ambos ingredientes; la tradición sanitaria del sur tiende al despotismo ilustrado: "command and control", que dirían los politólogos; muchos conocidos míos (de la bata y de la gestión), viven la paradoja andaluza: saben que la continuidad política y administrativa, y la lealtad al concepto de servicio público tiene cosas buenas (sólo hay que asomarse a Valencia o Madrid para sufrir lo que es el verdadero vértigo de ver a castas políticas que abandonan el interés general); pero también experimentan la clásica desconfianza de las burocracias políticas y administrativas de izquierdas ante la autonomía profesional: prevención ante la bata...

Estas suspicacias contrastan con la notable evolución que ha tenido el cuerpo profesional de la medicina en los últimos 20 años; los resabios actuales remiten más a la generación de médicos de los años 80, que fue muy contraria a las reformas que llevaron al Sistema Nacional de Salud; pero la actual cohorte joven tiene como principal deseo consolidar su carrera profesional y proyecto vital en un entorno laboral público.

Sin querer meterme mucho donde no me llaman: sugeriría para los andaluces un diálogo que renueve el contrato social implícito entre políticos, gestores y profesionales (particularmente en este caso los médicos); veo muchos puntos de confluencia, y demasiadas reticencias evitables con un trabajo serio y generoso.

El Norte de España

¿Y qué hacer con los que ven todo tipo de fantasmas en el avance de la gestión clínica?; difícil tarea, porque nada se puede construir con este terreno embarrado de desconfianza. No creo en la conveniencia de que el Gobierno de España se marque otro Real Decreto Ley (o sin Ley)... de esos que sacan de pronto y sin avisar a nadie: porque aquí hace falta construir de abajo a arriba, y porque las competencias estatales son prácticamente inexistentes en lo que se refiere a la forma de organizar los centros y servicios sanitarios.

Pero el Ministerio de Sanidad tiene mucho que hacer a la hora de facilitar que tanto en el foro de la profesión, como en otros foros, y con los sindicatos, maduren las condiciones y garantías básicas que facilitarían un avance local del profesionalismo y el fomento de la autonomía de los micro-sistemas clínicos.

Y yo haría un llamamiento a los defensores de la sanidad pública y a sindicatos como CCOO y UGT a no alimentar fáciles pero engañosos debates: bien está curarse en salud y avisar que no se tolerarán intra-empresas hospitalarias (Áreas de Gestión Clínica con personificación jurídica); pero no se puede rechazar un modelo ante presunciones y riesgos de privatización; se puede y se debe señalizar el camino, y pedir garantías; pero no debe paralizar una evolución necesaria y conveniente.

Porque el escenario actual dista mucho de ser apropiado para los profesionales; las abundantes garantías formales contrastan con el imperio del poder organizativo de los Jefes de Servicio, y la fragmentación atroz en 42 especialidades médicas hospitalarias. Por ejemplo, un sistema muy regulado de selección formalmente meritocrática, tiene en el reverso de la moneda largas temporadas sin concursos, con interminables interinidades que refuerzan los virreinatos de especialidad, y hacen que luego los concursos-oposición sigan la senda de la designación interina previa en la mayoría de los casos.

Mejor sería hacer propuestas de cómo organizar los microsistemas clínicos desde la perspectiva de los agentes sociales, y que condiciones básicas de calidad de empleo mejorarían la actual situación.

Y otros debates necios:

¿Podemos complicar y confundir un poco más el debate?... sí... siempre se puede empeorar; por ejemplo poniéndonos a discutir si una enfermera puede ser jefa de una unidad de gestión clínica. O un fisioterapeuta, o una matrona, un físico, o un químico, o un farmacéutico, etc... Bien; si lo que se busca es torpedear el proceso, nade mejor que un buen lío de debate gremial. Daré mi opinión... después de haber visto cómo va el asunto por otros países...

Mi opinión es que con carácter general la función directiva unipersonal en las Áreas de Gestión Clínica (agrupaciones inter-servicios de especialidad) debería ser desempeñada por un facultativo médico con experiencia clínica amplia y diversa y con una formación básica en gestión de unidades asistenciales; y que el método de elección permitiera reclutar la legitimidad de los demás profesionales de la unidad. Pero también diría que con carácter excepcional podría ser otro profesional no médico; siendo, en este caso necesaria la existencia de una dirección científica y técnica para solventar problemas que exigen los conocimientos propios de la medicina y sus especialidades.  

En algún país que he visitado me sorprendió ver que los facultativos a veces no tenían muchas ganas de emplear su tiempo en tareas directivas; preferían orientar su talento y competencias a la acción clínica (especialmente los cirujanos); y en algún caso una enfermera bien formada asumía esta función, con la ayuda de un médico al que recurría ante temas de excedían de su capacidad científica o técnica. Bottom up... de abajo a arriba; solución local que no afecta a la norma o costumbre general. Debemos dejar alguna puerta abierta por la enorme "biodiversidad" de nuestras complejas, dinámicas y variadas organizaciones.

Pero dicho lo anterior, creo que con la cultura organizativa dominante, no interesa en absoluto ejercer la excepcionalidad; para fortalecer la idea de reorganizar los hospitales en Áreas de Gestión Clínica, conviene y mucho colocar a un médico al frente; un médico excelente, de visión amplia y con capacidad de relación horizontal con otros servicios y unidades; ante la fragmentación clínica, el talento relacional es un elemento vital para que los débiles y amenazados proyectos de cambio en los microsistemas puedan llegar a nacer y desarrollarse.






jueves, 29 de mayo de 2014

A LOS GERENTES DE MADRID LES PONEN NOTA POR AHORRAR



Curiosa reseña de un conocido diario confidencial sanitario y palaciego, en la que se narran una reunión entre los responsables de la Consejería de Sanidad de Madrid con los gerentes de los grandes hospitales.

Primero lectura: luego reflexión...











Mi reflexión...

a) que parezca ser novedad, o incluso noticia, una reunión de trabajo de la Consejería con los directivos...

b) que no acuda el Consejero para evitar "lo coercitivo de su presencia" (curiosa expresión periodística para la presunta ferocidad del político responsable de la sanidad de Madrid).

c) que en lugar de cifras se usen semáforos para visualizar el desempeño... adelante con la simbología sencilla... aunque estoy seguro de que nuestros gerentes tienen nivel suficiente para interpretar tasas, índices, intervalos de confianza y ajustes...

d) y las bromitas narradas de patio de colegio... "te han puesto un rojo... y yo tengo un verde... chincha..."

Esta puerilidad e inmadurez está en la noticia contada; espero que no en la realidad... seguro que no ocurrió así...

Y otra reflexión final... parece que tras cinco años de austeridad, el ahorro se entroniza como un objetivo en sí mismo; cuando todas las recomendaciones abogan por medir precisamente si hay erosión o deterioro de los servicios... es decir, ¿somos capaces de implementar una "austeridad sabia"?... aquí sólo parece interesar el grado de ahorro, y el impacto del mismo... mejor no mirar, que da pena o susto.





sábado, 24 de mayo de 2014

Contra la enfermedad social de la avaricia...

Parece que hemos confundido la necesidad secular de seguridad económica por el deseo de riqueza.

La seguridad económica es un deseo lógico, porque nos protege de la incertidumbre, el infortunio y la ruina. Y nos permite extender a nuestros hijos y seres queridos esta protección.

Pero si la confundimos con la riqueza nos adentramos en una opción individualista, que no sólo no es la única posible, sino la que tiene efectos colaterales más destructivos sobre la persona y la sociedad.

El rico con frecuencia se intoxica de su afán de acumulación; nunca es suficiente; ganar dinero se torna en un objetivo en si mismo; proteger la riqueza le aleja de otras personas: no sólo son gastos de seguridad y protección personal; los lazos familiares y de amistad se debilitan porque siempre hay la sospecha de que los otros se quieren aprovechar de la opulencia ("por interés te quiero Andrés"). Y además, la sociedad inequitativa se vuelve ineficiente, injusta y eventualmente violenta. La avaricia, que está penalizada en todos los códigos morales, parece que es el cemento de la nueva ideología liberal que promete construir sociedades prósperas... Ya lo estamos viendo.

La otra forma de protegernos es a través de la solidaridad social: entre todos es más fácil, porque los riesgos se distribuyen entre amplios colectivos, y el infortunio se comparte: así lo demostramos en sanidad pública, donde juntando riesgos podemos proteger a ese 5% de personas que enferman gravemente y tendrían que afrontar gastos inasequibles y una ruina total.

Además... se crean lazos nuevos que cohesionan la sociedad; se comparte y reparte trabajo y tiempo libre; la mejor distribución de la renta mejora la economía; y con el nivel de desarrollo actual de la fuerzas productivas, podemos asumir sociedades de alta equidad y bienestar si somos capaces de confiar y crear seguridad económica colectiva.

El debate no es más PIB o menos PIB; porque no todo el PIB es socialmente eficiente ni éticamente decente... El próximo reto social es la igualdad y la protección social mutual y colectiva... ¿podremos?

  

martes, 13 de mayo de 2014

CULPA Y RESPONSABILIDAD ANTE LO AZAROSO DE LA ENFERMEDAD

En nuestro marco cultural es habitual que cuando alguien tiene la mala fortuna de tener una enfermedad grave, se pregunte “¿qué he hecho yo para merecer esto?”; mejor aún si puede encontrar un culpable al que endosarle el problema y exigirle reparación o ejecutar venganza.

 Lo mismo que piensa el enfermo lo hacen sus familiares; si son amables consolarán al paciente, acompañándole en sus especulaciones causales; aunque también pueden ser criticones y deslizar recriminaciones veladas… “si me hubieras hecho caso… y hubieras dejado de fumar…”

El sujeto social (la sociedad a través de los responsables políticos e institucionales) puede también añadir sus propias críticas a los pacientes cuando aparecen conductas de riesgo que favorecen el problema de salud o la gravedad de las lesiones y enfermedades (… “iba sin cinturón de seguridad”…)

En cierta forma el sujeto individual (paciente y su entorno) y el sujeto colectivo andan pasándose la patata caliente, ya que los posibles factores de riesgo a veces son claramente sociales (noxas medioambientales) pero nunca son del todo individuales (el individuo fuma o bebe en un contexto social que le condiciona). Sin entrar en el vidrioso asunto del “libre albedrío”, lo cierto es que en ocasiones vemos encendidos debates sobre culpa o responsabilidad individual o social ante problemas de salud, que son un poco como los medievales debates sobre el sexo de los ángeles.

No entremos aquí en la versión irracional de la génesis de la enfermedad: mal de ojo, superstición, posesiones diabólicas, pecados, etc… Pero tampoco lo olvidemos, porque está mucho más presente de lo que imaginamos detrás de la pregunta ¿qué he hecho yo para merecer esto?.

Tengo la sensación de que en los países de tradición católica (sur de Europa), domina más la culpa que la responsabilidad; ésa última  sería más identificable en los países de tradición protestante o calvinista. La culpa es honda, pero mueve a la compasión, la confesión y el perdón; la responsabilidad va más directamente a la reparación del daño. Quizás por eso los debates sobre dejar sin operación a un fumador por su vicio, puedan darse en el frío norte, pero estén condenados al fracaso en el cálido sur. Aquí, como mucho, llegamos a pedir a los deportistas de riesgo que se federen para no tener que pagarles las consecuencias de su hobby. O también aceptamos que haya “sin taxes” impuestos al pecado, como en el caso del gravamen del tabaco. Pero en los debates de prioridad no acabamos de considerar decente el incorporar la responsabilidad de paciente, por más evidente que pueda ser el oportunismo de su conducta, o la causalidad de sus actos en su enfermedad.

Casi que prefiero vivir en el sur, porque honestamente creo que nuestra vida social (cultura) nos condiciona mucho más de lo que parece. Y en caso de duda, apoyar siempre a la parte más débil: el infortunado que ve su vida truncada por un grave problema de salud.

Acabo con una anécdota; me decía un amigo que le paró la guardia civil por una infracción de tráfico; y empezó el guardia a recriminarle por la forma de conducir y los riesgos y daños a los que se exponía él y exponía a otros… en ese momento interpeló al guardia y le dijo… “si me va a poner multa no me de la brasa… porque multa y regaño a la vez no es justo”.

Culpa y responsabilidad…



martes, 6 de mayo de 2014

Reflexiones triviales sobre las tribus y clanes de la profesión médica

Reproduzco aquí el artículo que me acaban de publicar en Médicos y Pacientes... (para facilitar la difusión entre los amigos y amigas que tienen la amabilidad de seguirme en este blog).
http://www.medicosypacientes.com/articulos/OPINION6514.html  

Hablamos de profesión médica en singular, pero el término ampara muchas tribus, clanes y familias. Bajo la aparentemente tranquila superficie se están produciendo turbulencias por un relevo generacional inevitable, y un entorno adverso e impredecible.

Primero separemos las razas médicas que quedaron evolutivamente  fuera de los núcleos de poder médico; generalistas rurales, familiares y comunitarios urbanos, pediatras de trinchera, psiquiatras de barrio, salubristas funcionarios, preventivistas multitareas, inspectores médicos, urgenciólogos, calitólogos, paliativistas, investigadores precarios, admisioneros, médicos del trabajo …  y otros grupos de homínidos que vagan nómadas buena parte de su carrera hasta encontrar un nicho menos hostil donde posarse intentando conseguir un contrato no precario, un turno de trabajo conciliable con la vida particular, y un lugar que no quede a trasmano del domicilio; y así, llegar íntegros e indemnes a la provecta edad de jubilación.
Me decía una alumna que ella había hecho medicina de familia para poder trabajar, pero como no había manera de salir del turno de tarde, había hecho medicina del trabajo para poder fundar una familia (bonito juego de palabras).

A pesar de que estas razas y tribus se chupan el grueso de problemas de salud de la población y las familias, están muy lejos de poder disfrutar del prestigio, poder, rentas y relevancia social de sus colegas de especialidades hospitalarias fetén y como Dios Manda. Son como los discretos y entrañables HOBBITS de la comarca, muy apreciados para evocar el humanismo de la medicina los días de fiesta y en las galas colegiales y sociales.

En la raza médica que habita el hospital, nos encontramos también diversas tribus y clanes; dependen de la especialidad (verdadera patria del médico actual), del nivel del centro (de comarcal a terciario), y de la conexión entre mañana y tarde (acceso a trabajo privado vespertino bien remunerado). No son realmente variables independientes; son agrupaciones o clústeres.

La BIG MEDICINE estaría formada por un grupo de élite (a modo de clan ÉLFICO) que con muchos años encima ocupa los vértices de los grandes y medios hospitales, y extiende su influencia en las sociedades científicas, las comisiones de especialidad, las contrataciones eventuales, las cátedras y plazas vinculadas en la Universidad, los tribunales de plazas hospitalarias…

La BIG PHARMA y la BIG TECH encuentran más sencillo y económico influir a unos centenares de jefes de servicio, que tener que andar convenciendo de la excelencia de sus productos a decenas de miles de médicos rasos; esta relación añade un plus de poder y recursos a la función de liderazgo de las especialidades (que puede administrarse de forma virtuosa o tortuosa).

Cuando semejante papel absolutista es ejercido por un personaje con talento, energía y compromiso, el modelo de despotismo ilustrado permite avances enormes: son los grandes maestros que abren la senda de especialidades, técnicas, modelos organizativos, calidad y excelencia. El problema de estos seres épicos reside en la dificultad para concebir y realizar el relevo, porque raramente a su sombra puede nacer otro liderazgo similar; y porque su cultura organizativa muy sesgada a la jerarquía suele chocar con los cambios de las nuevas generaciones que piden espacio para hablar y co-decidir; ya dijo Freud que es natural con el desarrollo de la personalidad el intentar matar al padre para poder crecer.

La cosa va peor cuando el liderazgo de la BIG MEDICINE  en hospitales de referencia lo ocupan jefes con menor talento, energía, integridad o compromiso. O cuando desde el sistema sanitario se mangonea el nombramiento de jefaturas clínicas para que la decisión recaiga en médicos sumisos con la dirección o afines al partido político de turno. Al fallar el liderazgo nadie se hace responsable de nada. No hay realmente proyecto. Las cosas fluyen por inercia o por la características propia de las organizaciones complejas adaptativas: los problemas tienden a solucionarse de alguna manera vía auto-organización caótica.

La falta de autoridad y proyecto deviene con frecuencia en un papel directivo clínico muy devaluado: los responsables de servicio serían como virreyes que tienen como cometido pacificar las tribus locales y que no haya ruido (los mandos gerenciales y políticos adoran el silencio y abominan de las noticias adversas en los periódicos).  Y para mantener esta apariencia de tranquilidad,  se suelen activar mecanismos espurios de compra de silencio. En general todos ellos se basan en la dualización del mercado de trabajo: los que tienen plaza “en propiedad” versus lo que no los tienen.

El poder de los ELFOS (jefes con vocación de eternidad), y HUMANOS (adjuntos y FEAs con plaza en propiedad), sobre los ENANOS (meritorios interinos, eventuales o precarios contratados) se amplía con el control de las oportunidades de trabajo en consultas privadas en la tarde, detentado por los ya instalados, los cuales tienen una notable capacidad de administrar el acceso mayor o menor a el trabajo privado bien remunerado y de calidad.

Y también los grandes hospitales terciarios y universitarios extienden una influencia tácita sobre el empleo en los pequeños hospitales de proximidad (comarcales con equilibrios precarios de plantilla, tecnología y cartera de servicios) que inevitablemente precisan de hospitales nodriza para alimentarse y alimentar a sus pacientes; para mantener la esperanza de llegar a un HOSPITAL COMO DIOS MANDA, los jóvenes médicos están dispuestos a pasar su periplo iniciático en un hospitalito de proximidad.
No olvidemos que  los ELFOS mantienen un cierto control sobre los HUMANOS; un Jefe de Servicio no puede echar a un Jefe de Sección o a un Adjunto-FEA, pero puede hacerle la vida bastante difícil; incluso puede expulsarle a dos lugares terribles: consultas externas, o… pero aún, el odiado AMBULATORIO (algunos médicos le llaman precisamente el PURGATORIO).
De los residentes ni hablamos… (¿Quizás en la metáfora serían los Gollums a la búsqueda del preciado anillo del título de especialista…?)

Pero los equilibrios precarios tienden a desajustarse en momentos puntuales, y liberan tanta energía como terremotos. Un viejo inspector médico amigo mío, decía que cuando surge un grave conflicto en un servicio clínico, hay que buscar tres tipos de causas: las de MAÑANA (poder), las de la TARDE (dinero), o las de la NOCHE (usen su imaginación, por favor). Las luchas entre ELFOS o las rebeliones de HUMANOS para conquistar el poder, cuando eclosionan son durísimas e intratables desde cualquier perspectiva racional.

Las batallas abiertas se desencadenan frecuentemente cuando se plantea una FUSIÓN DE DOS SERVICIOS (a menudo precipitada por la integración de dos hospitales), cuando se intentan construir AREAS DE GESTIÓN CLINICA  multiservicio y multiespecialidad, o simplemente cuando la biología y el Estatuto Marco acaban mandando al ELFO dominante a su casa. Como ya demostró la transición española, esto dejar las cosas “atadas y bien atadas” es poco más que una fantasía del que se va, que pretende reinar sin gobernar con el mando a distancia (preguntárselo a Felipe González y a José María Aznar, por ejemplo).
No entraremos a comentar las diferencias entre ESPECIALIDADES; las hay que acumulan mucha relevancia, poder y acceso a medicinas y tecnologías caras, y las hay que navegan en aguas menos espectaculares e influyentes. No obstante, cada especialidad es un mundo en sí misma, y dentro pueden reproducirse las mismas tensiones y problemas. Siguiendo el barómetro anual de la elección de especialidad por los MIR se puede tener alguna idea de la relevancia de la especialidad (aunque hay que ajustarlo por el factor de pragmatismo en la empleabilidad futura que hoy es determinante en la elección). Quizás donde hay muchos especialistas, poder, influencia y recursos, cabe esperar guerras de mayor intensidad y con más actores externos influyendo.

Los cambios en estos modelos de equilibrio se están produciendo por tres causas: el relevo generacional, que no es lineal sino abrupto (cohortes o generaciones de especialistas que producen reemplazos con discontinuidades); el acceso amplio al conocimiento y las excelentes competencias de los médicos jóvenes, que retan el dominio de los mayores desde puestos precarios o subalternos; y la capacidad de usar las sociedades científicas y los colegios profesionales por parte de la generación NI-NI GALENOS (ni dinero ni respeto) como palanca para que los YAYO-GALENOS desalojen parte de su poder, y ensayen métodos más democráticos y meritocráticos para gestionar el espacio común.
La crisis añade presión a estos cambios, porque ha mermado todos los lubricantes que permitían engrasar la maquinaria y disipar las tensiones (tanto los de mañana como los de tarde). Además aparece el paro médico y la exportación de facultativos, pocos años después de que las Consejerías arremetieran contra los que ponían números clausus, y de que algunos espabilados aprovecharan para montar facultades de medicina exprés.

Como dominan las incertidumbres, no se pueden hacer pactos serios y duraderos; sin llegar a ser un sálvese quien pueda, está claro que la escasa cohesión intra-grupal se está disipando, y que las fronteras entre especialidades y niveles asistenciales se pueden fortificar como verdaderas líneas de batalla. Un ejemplo: todos afirman que la “troncalidad” de la formación de especialistas es una buena idea, pero todos también dicen que no es aplicable en su propia especialidad. Falta confianza, falta medio plazo, falta capacidad de negociar y hacer transacciones…
En estas condiciones se precisa liderazgo y racionalidad; no creo que se pueda salir de este callejón sin que el poder político y la representación profesional entablen un diálogo y sean capaces de concebir y avanzar hacia un nuevo equilibrio más virtuoso.

Y este equilibrio debe incorporar necesariamente al futuro que tenemos entre nosotros: a la parte más joven de la profesión médica; a los que hoy sufren en el lado oscuro de la dualización; a los que tienen talento y competencias pero no encuentran un lugar apropiado para aplicarla; a los que ven que la meritocracia sucumbe ante el mangoneo y la tradición; a los que ven despreciada su vocación y esfuerzo por una sociedad que no reconoce ni la excelencia ni el servicio a los demás, sino la fama y el enriquecimiento…
Esta sería la tarea regeneracionista dentro de la profesión médica. Algo se ha hecho; quizás mucho; pero queda tanto por hacer…

Mientras tanto, mejoremos el diagnóstico, e intentemos tender puentes para ir arreglando algunos problemas. Y para fomentar una POLÍTICA PROFESIONAL EN EL SNS convoquemos a razas, clanes y tribus a un diálogo constructivo. Donde se hable de cómo redistribuir poder e influencia de forma más equitativa y con mayor impacto para nuestros compromisos: para el paciente, para el conocimiento y para la sociedad. Una parte de este camino la tendremos que recorrer los propios médicos; si no somos capaces de auto-organizar nuestro espacio profesional, será inevitable que otros vengan desde fuera a hacerlo. La opción está clara. 

martes, 29 de abril de 2014

ATENCIÓN PRIMARIA EN MADRID: VOLVIENDO A HABLAR DE COSAS SENSATAS


Ayer (28 de Abril) en la sede del Colegio de Médicos de Madrid y convocados por AMAS (Asociación Madrileña de Administración Sanitaria http://www.amasmadrid.com) tuvimos un interesante debate: “La Gestión de la Atención Primaria. Propuestas para Madrid”; Alfonso Jiménez moderó una mesa con Marta Aguilera, (ex presidenta de SEDAP) Asunción Prieto (Médica de Familia), y Esteban Martinena, (Médico de Familia y uno de los que preparó un proyecto de EBA madrileña (entidades de base asociativa) en el fallido proceso de externalización de servicios).

No pretendo contar la reunión, sino comentar algún tema que me llamó la atención. Tres en concreto…

Primero: lo sorprendida que estaba la gente de que se pudiera volver a hablar de forma abierta y clara; esto evidencia tanto la falta de foros para contrastar ideas, como el doctrinarismo de las autoridades sanitarias madrileñas que no conciben que nadie pueda cuestionar sus propios inventos; y también, que tras una tormentosa época Lasquetty, los viejos problemas de siempre vuelven a aflorar; tras la pesadilla vivida nos vemos en el espejo y constatamos que ningún cambio en los verdaderos problemas estructurales se ha podido acometer, y que en algunos aspectos esenciales hemos retrocedido.

Segundo: algunos se extrañaban de la poca gente que había (40-50 personas) para el interés que tenía la convocatoria y el valor que tuvieron las tres aportaciones y el debate; ¿Dónde está la primaria que no viene a estos debates?, se preguntaban muchos. Para mi es la constatación de la pérdida de confianza en la palabra. Es parte de la postmodernidad, pero también es el resultado del engaño y la manipulación sistemática de los gobernantes; y en esto los Guemes y Lasquettys han sido maestros de alto nivel.

Decía Mintzberg, hablando de Planificación, que los indios practicaban la danza ritual de la lluvia para combatir la sequía; y que muchas mejoras en las políticas y la planificación equivalían a mejorar la danza, aunque no tuviera efecto alguno en la lluvia. Así, mucha gente ya no cree que tenga utilidad hablar y hablar (danzar), hasta que no se vea que existen posibilidades de cambiar la realidad que nos rodea. Si los cambios son cuando menos verosímiles, se llenarán las aulas y la palabra volverá a ocupar un lugar destacado; al menos es mi interpretación.

Tercero: Esteban, el fallido promotor de EBAS venía algo quejicoso y a la defensiva; pero su exposición fue valiente y documentada (aunque alguna arista podría haber limado). En último término lo que vino a decir es que aunque las EBAS no fueran generalizables, para un grupo de profesionales de primaria, cansados de soportar la carga burocrática y la interferencia política y procedimental, podría ser un camino motivador. Y que no era justo que les demonizaran ni que les cerraran el paso, cuando ellos estaban dispuestos a asumir las tres erres (responsabilidad, riesgo y recompensa) abandonando el confort del nicho administrativo y estatutario.

Técnicamente el problema de que se fuguen en una lancha rápida un 5 – 10% de profesionales a modelos de autogestión (externalización profesional) es inconveniente si supone un drenaje de recursos valiosos y al hacerlo se evacúa entropía a los que se quedan. Por ejemplo, si se van los más emprendedores, o los que tienen más talento organizativo, … o si se los que se van se concentran más en lugares atractivos (urbanos, clases medias) desnatando la mejor demanda; o si al elegir compañeros o colaboradores son capaces de centrifugar a los garbanzos negros, que siempre los hay, al exterior del sistema (a otro centro de salud “convencional”).

Pero quizás no nos podemos ponernos tan estupendos en el mundo real; aceptar “pulpo animal de compañía” puede ser una medida sensata, si hablamos de un porcentaje pequeño; y sobre todo, si con ello creamos alguna competencia por comparación (la única competencia que realmente funciona en contextos de monopolios naturales). No lo tengo claro, pero con los años esto me va pasando cada vez más…

 Marta y Asun hicieron una excelente presentación en clave de volver a la senda de la autonomía de gestión y la gestión clínica en la atención primaria; para ello hace falta una mesogesión (aunque sea ligera), ya que los centros de salud deben apoyarse en alguna estructura organizativa y de servicio en las áreas de salud; y mucha microgesión, basada en lo razonable, cimentada en devolver la confianza en los profesionales, y en apoyarla funciones directivas de los centros de salud y en su habilitación para decisiones de gestión cotidiana.
En broma decía (creo que Asun), que el criterio en el momento actual era “vale más pedir perdón que pedir permiso”: excelente cuestionamiento de un universo burocrático incapaz de crear valor y catalizar mejoras. Toca volver a la senda de la razonabilidad y de depositar y construir confianza.

Reflexión final: a pesar de todo parece que la primaria sigue funcionando en Madrid (y bien) más allá de lo razonable, considerando las agresiones y despropósitos organizativos de los últimos tiempos. Es que aún no se ha modificado la cultura creada; y la cultura es lo más sólido de las organizaciones: decía un conferenciante hace poco “la cultura se zampa una estrategia para almorzar”; pero también la cultura organizativa de servicio público y de excelencia clínica que ha atesorado la atención primaria puede ir decayendo… toca mantenerla por encima de todo, y completar un relevo generacional entre los pioneros y los más jóvenes.

Epílogo: Esteban, antiguo alumno, me regañó por no haber defendido a los pioneros de las EBAS en el ataque despiadado e injusto que había sufrido por la Marea Blanca. Pero en el contexto de privatización comercial enloquecida en el que se produjo la oferta, lo mejor que le ha podido pasar a las EBAS es que hayan quedado aparcadas. Aunque es cierto que el modelo dominante en Europa para la atención primaria es la externalización profesional, y no los modelos integrados y asalariados; y que esta externalización profesional en primaria no tiene los graves inconvenientes que plantea la externalización comercial capitativa o poblacional para el hospital; pero Esteban debe considerar que si en el genoma de los británicos, franceses o alemanes están estos modelos, en el nuestro está la integración, y desde hace 30 años el equipo de atención primaria y la relación estatutaria; ir contra el genoma no es fácil en ningún lugar; y por eso mi opción es hacer evolucionar el sistema fenotípicamente; lo cual es bueno cuando se observa que algunas de las características de los modelos integrados van a venir muy bien antes la expansión y fragmentación del saber médico, y la cronocidad y complejidad de la demanda. Como con la ropa, igual acabamos estando a la moda con un traje que teníamos arrumbado por obsoleto.

Aprovecho para proclamar que no llego a defenderme adecuadamente de las tontunas que digo, como para tener que hacerlo de las que no digo. Quizás si pido un perdón universal ex – ante, sea más económico y conveniente.  


domingo, 27 de abril de 2014

Racionalismo frente a dogmatismo, tanto en occidente como en el islam.

Ayer estuve en la presentación de un libro de un filósofo amigo mío; Miguel Manzanera presentaba “El Periplo de la Razón: el Racionalismo Musulmán en la Edad Media”; ya había leído su libro porque me regaló un ejemplar dedicado hace meses…

Invito a leer estos comentarios sobre su libro… 

Y destaco esta frase de dicho comentario al libro

La dialéctica, es decir, el diálogo entre distintos puntos de vista, surgió en la Grecia clásica, donde además se desarrollaron avances científicos en áreas como la lógica, la política, la metafísica, la ética o la biología. Todos estos conocimientos, junto a la razón misma, se extendieron durante la época helenística, cuando Alejandro Magno creó un efímero imperio que se extendía desde Egipto al río Indo. Por tanto, fue entonces cuando todo ese saber clásico se extendió por una buena parte de las civilizaciones mediterráneas. La Biblioteca de Alejandría es un buen ejemplo de ese saber, con epicentro en el norte de África y en oriente próximo.

Unos siglos después, fue Al-Andalus la que experimentó un extraordinario desarrollo no sólo agrícola y artesanal sino también científico. Y es que en esos territorios la ciencia aristotélica se perpetuó durante siglos. Los sabios musulmanes bebieron directamente de las fuentes clásicas, dando un nuevo impulso científico en materias muy variadas como la filosofía, la astronomía, la geografía, la medicina, las matemáticas, la biología, la lógica, etc. Como bien demuestra Miguel Manzanera, el pensamiento racional no sólo no se perdió en el medievo –como sostiene la historiografía tradicional- sino que al menos en el Mediterráneo oriental aumentó considerablemente su acervo.
Sin embargo, la exclusión de la ciencia islámica y judía de los orígenes del racionalismo occidental no fue casual, sino que supuso un intento –logrado por cierto- de falsear conscientemente la Historia para fundamentar la superioridad de Occidente

Con independencia del interés histórico y filosófico, me preocupa constatar cómo la racionalidad puede bloquearse por el dogmatismo y el doctrinarismo; y cómo los poderosos pueden suplantar la historia a su conveniencia. Bizancio ocultó el saber clásico: el naturalismo helénico alimentaba la observación y el pensamiento crítico; su pasión antidogmática le hacía peligroso, especialmente cuando el Estado y una única Religión (cristiana) se asocian para mantener el status quo de las clases dominantes. Y el saber helénico y del meso-oriente tuvo que acantonarse, y luego expandirse a través de una religión monoteísta más moderna, más abstracta y menos dogmática (en esa época), que extendió por toda la cuenca del mediterráneo, y que en la península Ibérica tuvo un particular esplendor; el árabe permitió traer y retraducir el conocimiento, y estuvo en la base del renacimiento al final de la Edad Media.

En el mundo cristiano la religión tenía su iglesia oficial y su legión de obispos para administrar el dogma; y se opusieron de forma tenaz y violenta al avance del pensamiento racional, de la ciencia y del conocimiento; el mundo musulmán no tiene semejante infraestructura, aunque (tiempo más tarde) la religión islámica encontró en el derecho y la administración de justicia los instrumentos para otorgar al poder político la deseada controlabilidad social (por eso la imposición de la Sharía o ley coránica es un propósito esencial de los movimientos fundamentalistas).  

La Iglesia no pudo parar el desarrollo científico y técnico en Europa, pues la naciente burguesía en las ciudades encontró en el progreso tecnológico un aliado fundamental para conseguir riqueza y poder. La reforma protestante alimenta esta revolución que permite el nacimiento del capitalismo, en el cual hay un claro sesgo hacia la techné, compatible con el mantenimiento de una ideología que en lo humanista y lo moral busca mantener el control social de la mano del pensamiento religioso o de los equivalentes mágico-míticos laicos (patria, nación, orden, etc.)

Pero posiblemente se desequilibra el pensamiento crítico: abierto en lo mecanicista, tecnológico o productivo, y cerrado en los aspectos de pensamiento moral, social o global (incluida la ecología). El pragmatismo es por naturaleza miope, y la política y la economía se pasan a su bando.
 La paradoja es que la llamada civilización occidental es el resultado de un legado helenístico, pero que llegó a nosotros a través de los musulmanes y de Al Andalus, se filtró por los poros de la vieja Europa para avanzar entre las rendijas que le dejaba el dogmatismo cristiano y el poder feudal, y eclosionó en una compleja y contradictoria cultura global; una cultura capaz de saber producir la fisión y la fusión del átomo, pero incapaz de evitar el uso bélico de la bomba nuclear; una cultura que permite anticipar el efecto destructivo del crecimiento económico actual en el planeta, pero que no es  capaz de cambiar el curso de la historia que nos lleva al abismo.

Racionalidad limitada, líquida, incompleta, contradictoria, trufada de manipulación y mentiras; hoy más que nunca, tanto en la cultura llamada occidental, como en la islámica, y en el conjunto de las culturas planetarias, el verdadero requisito de subsistencia vuelve a ser el pensamiento racional aplicado por y sobre el único sujeto social que puede y debe protagonizar la historia: la especie humana.

Y la des-dogmatización también y principalmente ha de afectar a la izquierda política, social y sindical; a pesar de que emplear el pensamiento mágico mítico es mucho más cómodo; y a pesar de que con eslóganes electorales y lugares comunes sea más confortable vivir y menos doloroso pensar. Una característica esencial del pensamiento progresista debe ser la capacidad de convivir con la contradicción y la paradoja, y de tolerar opiniones diferentes y aparentemente contradictorias; como se suele decir: ser capaz de sustentar una idea y su contraria, y a pesar de todo tomar decisiones. Tomar decisiones… racionales.

Cerró su presentación Miguel (cito de memoria) aludiendo al "Filósofo Autodidacta" (primera novela filosófica, escrita por Ibn Tufail en el siglo XII, donde proponía como misión de los seres humanos la de cuidar la vida en la tierra. Mencionaba el contraste de este hermoso propósito para la humanidad nacido en Al Andalus, con la visión del fetichismo irracional de la devoción a las imágenes de semana santa y la crueldad intrínseca de la fiesta nacional con el disfrute del daño a los animales. La pena es que muchos que se suponen que son de izquierdas, se identifican con estas prácticas tan irracionales como contrarias a cuidar toda la vida en la tierra. 

Regalo (sin permiso de Miguel pero con su benevolencia), algunos párrafos de su obra, a modo de cata…

Mientras las disputas permanezcan en el terreno intelectual y sus consecuencias prácticas no sean incompatibles con el orden social, mientras haya procedimientos para zanjar las cuestiones del bien común y acción colectiva, la razonabilidad de la especie humana constituye una parte importante de su gran fuerza para el desenvolvimiento de sus capacidades. Pero cuando las disputas envuelven enfrentamientos violentos y no hay forma de llegar al acuerdo razonado en la organización política, las guerras intestinas anuncian el final del Estado y la civilización…

La inestabilidad del Estado y los conflictos políticos, junto con la presión de la Europa cristiana, cuyas autoridades habían decidido confrontar el Islam por las armas mediante las Cruzadas, fueron las causas de la decadencia de la civilización musulmana en los siglos finales de la Edad Media. La investigación científica y filosófica más avanzada pasó a realizarse en Europa desde el siglo XIII, pero es claro que se produjo a través de la influencia de la cultura andalusí y como continuación del desarrollo cultural que se había producido en la civilización islámica. Merece destacar, como ya se ha dicho, el papel jugado por la Escuela de Traductores de Toledo en el siglo XII, después de que la ciudad se entregara al rey de León Alfonso VI, donde se trasvasó el conocimiento escrito en lengua árabe al latín. Entonces la sabiduría oriental pasó a Europa haciendo posible el Renacimiento.

La conquista de al-Ándalus por la Cruzada cristiana, fue un auténtico desastre cultural. Un importante número de intelectuales árabes se exilió, y otros quedaron limitados a las traducciones de los textos árabes al latín. Cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada, decretaron la conversión forzosa al cristianismo de creyentes en otras religiones, lo que en la práctica significó la expulsión inmediata de 50.000 judíos y 300.000 musulmanes, entre los que contaban numerosos trabajadores cualificados e intelectuales. Cientos de libros escritos en árabe, que contenían la sabiduría casi milenaria de la civilización islámica, fueron quemados por orden del Cardenal Cisneros en Granada a principios del siglo XVI. Los que se convirtieron para poder quedarse, tuvieron que sufrir enormes persecuciones y humillaciones, expolios, torturas y en muchos casos también la hoguera, por parte de la Inquisición y de los llamados ‘cristianos viejos’. Muchos de ellos acabaron exiliándose más tarde.