miércoles, 8 de julio de 2015

Los "innovadores" se aprietan menos el cinturón: ¿son los sanitarios malpensados y lloricas?



Acaba de salir una de esas leyes que hablan un poco de todo; eso sí, el título es tan alambicado que no alienta a su lectura…

Ley Orgánica 6/2015, de 12 de junio, de modificación de la Ley Orgánica 8/1980, de 22 de septiembre, de financiación de las Comunidades Autónomas y de la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera.

Pero en estos tiempos la experiencia ya nos enseña a buscar en el articulado pequeñas cosas que sin embargo afectan mucho a nuestras vidas… aquí va lo que he encontrado:

1) Yo leo aquí que Hacienda del Gobierno de España se compromete a aportar liquidez específicamente para el gasto farmacéutico del Sistema Nacional de Salud:
Artículo 113. Creación del instrumento de apoyo a la sostenibilidad del gasto farmacéutico y sanitario.
1. Se crea un instrumento de apoyo a la sostenibilidad del gasto farmacéutico y sanitario de las Comunidades Autónomas, con vigencia durante 2015, salvo que por Acuerdo de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos se decida prorrogar este plazo.

2) Y aquí leo que este apoyo financiero garantiza que crezca hasta donde crezca el Producto Interior Bruto.
Artículo 114. Límites de gasto sanitario.
1. Cuando una Comunidad Autónoma se haya adherido a este instrumento la variación interanual, a ejercicio cerrado, del gasto farmacéutico, tanto hospitalario como en productos farmacéuticos y sanitarios por recetas médicas u orden de dispensación, y del gasto en productos sanitarios sin receta médica u orden de dispensación no podrá ser superior a la tasa de referencia de crecimiento del Producto Interior Bruto de medio plazo de la economía española prevista en el artículo 12.3 de la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de acuerdo con el último informe elaborado por el Ministerio de Economía y Competitividad y publicado en la Central de Información Económico-Financiera de las Administraciones Públicas.

3) También recuerdo que el Gobierno de España ha enviado hace poco a Bruselas su Actualización del Programa de Estabilidad, donde se compromete a bajar el Gasto Sanitario Público de un 6% del PIB a un 5,3% del PIB (en 2018).

Por lo tanto, si el gasto farmacéutico puede subir de forma acompasada con el PIB (con la ayuda financiera del Gobierno Central), pero el gasto total sanitario de las administraciones autonómicas debe decrecer 2.300 millones de euros anuales (2015, 2016 y 2017)… alguien va a tener que ajustarse el cinturón varios agujeros más para que otros no sufran merma ni se vean obligados a salir de su zona de confort.

Médicos, enfermeras y demás personal sanitario andan mosqueados por sus sueldos, su plantilla y sus condiciones de trabajo; será porque son mal pensados. Incluso algunos son tan perversos que llegan a pensar que los lobbies farmacéuticos tienen la mano tan larga que llegan a las mesas de las autoridades sanitarias,  e incluso que alcanzan a las de las autoridades económicas. Malos y absurdos pensamientos, posiblemente excusables por la desnutrición crónica que sufren en tiempos de penuria. Menos mal que hay mentes preclaras que guían la innovación con timón firme, caiga quien caiga, sin que los lamentos de la bata hagan temblar el pulso de la nave.


domingo, 21 de junio de 2015

Reflexiones sobre la renovación en la medicina y la salud pública


En 1910 se publicó el conocido informe dirigido por Abraham Flexner "Medical Education in the United States and Canada" que marcó la renovación profunda de la formación de los médicos en Estados Unidos, y de paso, creó las bases para la medicina moderna,
en la cual los hospitales pasan a ser instituciones que combinan asistencia, docencia e investigación, se establece la relación entre universidades y hospitales, y comienza el proceso de especialización y desarrollo clínico del saber médico a gran escala.

Este informe (ahora conocido como Informe Flexner) indujo al Consejo General de Educación y a la Fundación Rockefeller a patrocinar un cambio muy amplio y sostenido; desde la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, donde trabajaba Flexner, se pone en marcha la transición hacia el hospital moderno, con la colaboración de los cuatro "gigantes de la medicina": el internista Osler, el cirujano Halsted, el patólogo Welch, y el ginecólogo Kelly.  


Lo que menos se sabe es que a la vez que se producía esta profunda renovación de la medicina asistencial, se planteaba un cambio en el enfoque de la misma, fuertemente orientado a prevenir las enfermedades (permebilizar todo el currículo médico a las ideas preventivas);  la fundación Rockefeller además decidió activar programas sobre enfermedades transmisibles a nivel internacional (fiebre amarilla, malaria, anquilostomiasis...).

La primera universidad que apoya decididamente la creación de escuelas de salud pública es la propia Johns Hopkins con una fuerte inversión al inicio de 1916 que permite crear la Escuela de Higiene y Salud Pública, que pasa en muy poco tiempo a ser un modelo internacional para el fomento de la formación, investigación e intervención en protección de la salud, prevención de la enfermedad, y promoción de la salud.

Nuestra Escuela Nacional de Sanidad, nacida en 1924, junto a otras escuelas como la de Lisboa o la de Rennes, es el resultado de este poderoso movimiento de renovación y reorientación de la medicina.



Mi reflexión parte de haber dedicado 23 años de mi carrera profesional a la Escuela Nacional de Sanidad, de haber visitado varias veces la Universidad de Johns Hopkins, y de estar profundamente convencido de que el impulso renovador de Flexner debe reorientarse hacia un modelo más integrador de la medicina clínica, ya que el proceso de subespecialización en el que ha devenido se ha convertido en inmanejable por parte de los propios profesionales. 

Creo que tanto la medicina clínica como la salud pública tienen una excelente ocasión para renovarse, para generar una narrativa integradora y colaborativa. 

Lástima que en España estemos cada vez más fuera de este discurso de ideas y trasformaciones; desde luego la Salud Pública, incomprendida siempre, y abandonada especialmente en esta última década, no va a poder formar parte de este diálogo por puro olvido y depauperación.

La propia Escuela Nacional de Sanidad, que en 9 años cumplirá su centenario, posiblemente llegue a esa fecha, pero lo hará en tal nivel de desestructuración y abandono que será más un funeral que un festival. 

Es una pena que desde hace tanto tiempo no tengamos gobiernos que gobiernen con decencia e inteligencia y altura de miras.





viernes, 8 de mayo de 2015

POLÍTICOS VOLUBLES, EXTERNALIZACIÓN SANITARIA EN CUARENTENA… POCAS GANAS DE EVALUAR Y NINGUNA DE RECTIFICAR


Ahora nadie parece defender la externalización-privatización de servicios sanitarios… curiosos cambios que producen las elecciones en los agentes políticos y sociales… hagamos una breve reflexión sobre preferencias de la política en ausencia de evaluación de las políticas-



La necesaria evaluación de las políticas para generar conocimiento e iluminar el buen gobierno.

Lo malo de los debates entre decisores políticos es que suelen substanciarse sin argumentación técnica. Son como preferencias y fobias que hacen que algunos problemas y soluciones suban y bajen sin que nadie acabe al final sabiendo bien porqué; como las modas.

A diferencia de los ensayos científicos, donde la validez, fiabilidad y replicabilidad ayudan a fijar el conocimiento basado en pruebas (evidencia), los experimentos naturales no pueden ser objeto de este mismo modelo, ni se benefician de similar certidumbre. Saber si un antibiótico funciona o no para un tipo de micro-organismos es laborioso pero posible; saber si una política como la colaboración público-privada en sanidad, o la externalización de servicios,  aportan efectividad, calidad, seguridad, equidad y eficiencia social… esto es mucho más difícil.

Difícil, sí; pero no imposible. Pero para hacerlo se precisa querer y actuar.

  • ·         ¿Querer evaluar?... “EVALUAR NO ES DE COMPAÑEROS, como dice el aforismo”; Meneu habla de que España somos expertos en “experimentos a prueba de fallos” para referirse a iniciativas que emprenden las autoridades, que ilusionan a los políticos, que son defendidas como señas de identidad (modelo Alzira, modelo Madrid, modelo Kaiser, modelo… ) y que si se demostrara que no funcionan (o que no producen los pretendidos milagros) se vendría abajo el castillo de naipes que se ha montado encima. Por lo tanto las instituciones no pueden permitir que se sepa que no funcionan… a prueba de fallo.

  • ·         ¿Actuar para evaluar?... significa que para saber si una política o modelo funciona, hay que hacer algo más que no ocultar información o no mirar; hay que buscar medios para comparar, diseños evaluativos y con frecuencia información que no se recoge regularmente; ¡ah!, y encargar a expertos que lo hagan, dándoles un espacio de autonomía y libertad de cátedra, acceso a información, recursos para investigar y tiempo razonable. A veces se necesita incluso diseñar la evaluación a la vez que las políticas… porque hay que monitorizar los cambios antes y después…


Sin embargo resulta esencial la investigación evaluativa de las políticas públicas: porque es la única forma de generar conocimiento y escalar por la dura cuesta de la validez en ciencias políticas y sociales. En su ausencia todo se vuelve opinable, y los debates giran hacia el tertulianismo; cuando falta la evidencia se puede uno aproximar al conocimiento heurístico también a través de los expertos y los consensos; pero con demasiada frecuencia los sillones son capturados por expertos multiuso, cortesanos de políticos o grandes compañías; y casi es peor el remedio que la enfermedad.

En nuestro medio son muy amplios los costes de interferencia política (politización de la gestión y de la profesión) y los costes de influencia de agentes económicos en las decisiones colectivas (lobby, cohecho y puerta giratoria). Además, para que se puedan investigar y evaluar políticas hace falta una infraestructura científica: no muy cara ni numerosa, pero sí suficiente, con medios, información y autonomía de pensamiento. Y obviamente, su inexistencia fáctica ayuda a aplicar elegantemente en precitado aforismo de “evaluar no es de compañeros”.

Esto nos lleva lamentablemente a modelos de debate tipo “sálvame” de Telecinco, donde supuestos expertos fajados en subir la voz cuando falta información o en descalificar al adversario cuando no hay evidencia, ocupan el espacio colectivo produciendo un ruido que nos impide pensar… y también que objetivamente bloquea el avance y mejora de los importantes problemas que tenemos encima de la mesa.

El caso de las políticas de colaboración público-privada

Tras varias legislaturas muy duras con el debate de la externalización de servicios, particularmente en las CCAA de Madrid y Valencia, ocurren varios fenómenos curiosos y contradictorios que condicionan un cambio de ciclo…

  • En Madrid, la marea blanca presionó contra la externalización; de manera muy fuerte; no sabemos si la presión fue suficiente para vencer una coalición tan potente entre políticos del PP de Madrid totalmente entregados a sacar de la espera pública a 6 hospitales, en coalición con grupos empresariales y bancos muy comprometidos en la operación financiera. Formalmente fue una sentencia lo que lo paralizó, basada en la forma chapucera e ilegal con la que se condujo el proceso (habría que reflexionar sobre las razones de tanta mediocridad en los cargos técnicos de confianza que no saben hacer bien ni siquiera las maldades más básicas que les encargan). Y la proximidad electoral hizo inviable volver a intentarlo…
  • En  Valencia creo que lo que ocurrió fue el resultado de la desmesura; no sólo en la corrupción, sino en el ocultamiento de información… acabamos de ver cómo la Unión Europea ha estrenado la acción de multa por falsear estadísticas, precisamente por los engaños de la sanidad valenciana. La fuga hacia adelante lleva a crear un universo irreal, donde lo único claro es el cortoplacismo y el “coge el dinero y corre”. En realidad en Valencia hubo un colapso institucional y social, más que un fallo de modelos.


Curiosamente, el recurso más serio contra la externalización, promovido por senadores del PSOE ante el Tribunal Constitucional acaba de naufragar hace pocos días. Cosa lógica por dos razones: porque la Ley 15/1997 de nuevas formas de gestión hizo una habilitación atolondrada y desmesurada, que fue usada por los desmanteladores de la sanidad pública para meter el negocio en el Sistema Nacional de Salud; y porque los jueces del constitucional no parece que tengan muchas ganas de complicarse la vida con dilemas, y se lo pasan a los legisladores…

Y ahora… ante las elecciones autonómicas y municipales de 24 de mayo, resulta que nadie defiende la externalización, ni la de bata blanca (PPP) ni la de bata gris (PFI); la candidata del PP en Madrid, Cifuentes, dice que las empresas públicas de los 6 hospitales con PFI las incorporará a la gestión directa; Ciudadanos quiere incluso revertir los cuatro PPP; el resto de los partidos… exige el cumplimiento de contratos, la auditoría y la renegociación.

No es extraño el abatimiento de los empresarios: no sólo por la posible derrota electoral de sus políticos preferidos; sino por la “traición” pre-electoral de los suyos, que deja un erial donde será impracticable una extensión del modelo que no contradiga de forma expresar las promesas electorales (y los votantes están mucho más suspicaces ahora de los incumplimientos palmarios de promesas).

Los empresarios del Círculo de Sanidad expresaban con abatimiento y estupor este abandono en tropel de la colaboración público privada: “está demasiado ideologizado… esa politización ha generado un estado de opinión que exige un rearme moral por parte del tejido empresarial que contrata con la Administración… la externalización de servicios no es ni buena ni mala, es una solución útil… está cada vez está más presente en las tendencias normativas de los principales países europeos

Aunque de manera rústica (ideología, politización…) expresan de forma clara su disgusto tanto por la estampida de los políticos que les acompañaban, como por la falta de argumentación, que no sólo genera incertidumbre, sino que afianza el riesgo regulatorio y la inseguridad jurídica con la que los empresarios desean contar en sus relaciones con la administración. Quizás habría que decirles que el que a hierro mata a hierro muere… pero esto sería un poco cruel. En todo caso, saquemos como lección que la relación entre instituciones y empresas, al ser necesaria, debe basarse en principios de buen gobierno.

Y de cara al futuro, para que todos nos llevemos bien, exista seguridad jurídica y se tomen decisiones con argumentos de efectividad, calidad, seguridad, eficiencia, desde el conocimiento, y no desde los intereses o las ocurrencias, toca hacer dos cosas:

a) Modificar las leyes que permiten la piratería y recompensan conductas aventureras y corsarias, y cambiarlas por otras que promuevan la justa relación contractual entre las autoridades públicas y las empresas privadas: un ejemplo… no parece razonable que una simple mayoría de gobierno pueda hipotecar inversiones para la siguiente generación o dejar los suministros o servicios (luz, mantenimiento, etc.) vinculados por diez o más años a una empresa. ¿Qué tal si para estas hipotecas de futuro se pidiera mayoría cualificada, o hubiera un arbitraje externo sobre el valor añadido de la externalización?

b) Crear infraestructura de investigación y evaluación de políticas públicas, independiente y legitimada, con recursos y con encargos de evaluar lo que se hace o lo que se ha hecho; y para ello el famoso principio de la transparencia: 

QUE TODA INFORMACIÓN GENERADA CON DINERO PÚBLICO SEA DE DOMINIO PÚBLICO… salvo que afecte a la privacidad de las personas (pacientes en nuestro caso)… Y SIEMPRE CON LA CARGA DE LA PRUEBA RECAYENDO EN QUIEN PROPONE VELAR LA INFORMACION.


lunes, 27 de abril de 2015

LA PRIVADA PARA LA GENTE GUAPA Y LA PÚBLICA PARA LA CHUSMA: ¿LIMPIEZA ÉTNICO-SANITARIA?



Juan Abarca se supera por momentos; gracias a su imprudente costumbre de decir lo que piensa sin pensar mucho lo que dice, nos regala perlas de pensamiento de brutal sinceridad...

Así, en "El reto del equilibrio entre la sanidad pública y la privada" publicado en EL MUNDO ...  http://www.elmundo.es/espana/2015/04/26/553bc1e5268e3e0c438b4587.html ... tras reivindicar la calidad excelsa del sector privado en lo relativo a innovación (marketing habitual y esperable dado su trabajo), se jacta de que la privada no tiene techo de gasto, pero formula con pánico que el recorte de la sanidad pública se está pasando de rosca...  Haciendo de portavoz del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), formula los parámetros de diferenciación de ambos sectores...

"... Así, es necesario un sistema sanitario público que dé una atención con las máximas prestaciones a toda la población - y que ésta sea la mejor posible -. Un sistema que debe afrontar una atención basada en criterios de equidad para todos en todos los lugares, porque hay procesos en los que es necesario contar con toda la población para tener el número suficiente de casos de estudio. En cambio, el sistema sanitario privado -sin descuidar lo más mínimo la calidad- debe ofrecer una atención más personalizada de la que puede otorgar un sistema que tiene como fin salvaguardar el bienestar de la colectividad".

Dibuja claramente dos estándares de servicio: normal y extra (que podrían tornarse en ¿cuartelero y elitista?). Y la preocupación surge del crecimiento posiblemente inapropiado de la clientela de la sanidad privada..

"A la vista de los resultados de la captación del seguro privado y su continuo e imparable crecimiento está claro que no es sólo la demostrada calidad y la satisfacción que da el sistema sanitario privado lo que produce el crecimiento en el número de asegurados, sino que es también el derrumbe del sistema sanitario público. Esto nos lleva a una situación que, en sí misma, es incompatible: la de tener un sistema sanitario público sin pacientes y un sistema sanitario privado en el que la personalización sea cada vez más difícil por la masificación del mismo".

La victoria de la sanidad privada sobre la pública sería pírrica: al masificarse perdería el glamur y se colapsaría...

"O las administraciones públicas y aquellos que tienen como único fin defender la prevalencia del sistema público toman medidas o viviremos el declive del sistema público y el colapso del privado".

  
El razonamiento desvela tres cosas: primero que la interdependencia entre la pública y la privada se estropea si no hay un descreme apropiado (la gente apropiada con las enfermedades correctas); que al menos a una parte de la sanidad privada española (los centros de provisión privada) no les interesa hacerse con segmentos nuevos de demanda, con lo que muestran un ánimo empresarial un tanto anoréxico; y, finalmente, que son capaces de indignarse con el Estado por no retener y entretener a su demanda propia, y lanzar una sobrecarga a un sector que no quiere crecer más que de acuerdo a su cartera de servicios y clientes preferidos.

Pero me parece que son indignados que no llegarán a votar a Podemos; porque su indignación es neo-elitista; porque además es interesada, ya que la presunta interdependencia entre el sector público y el privado deja zonas amplias de parasitismo y saprofitismo. 

No quiero simplificar o jugar a demagogia fácil (como sería contar el caso de las pruebas que al parecer patólogos del Hospital Gregorio Marañón traían de la privada a la pública); también el sector público usa al privado de válvula de escape, liberando entropía de pacientes molestos y paliando el malestar de los médicos por el maltrato salarial. Pero junto a estos elementos de simbiosis, está claro que la sanidad pública recoge los principales "malos riesgos" y acude prioritariamente a los segmentos menos rentables (rural, emergencias, trasplantes, cánceres complejos, medicamentos ultra caros, pacientes terminales, etc.)

Por lo tanto, aunque pueda estar aparentemente de acuerdo con Juan Abarca en lo de que no hay que dejar morir presupuestariamente al sector público, el argumento que esboza es inaceptable... porque asume que la calidad interpersonal en la pública es un objetivo imposible, y la buena gestión es un reto inalcanzable; es más, lleva a un razonamiento prescriptivo por el cual establece como elemento diferencial y patognomónico de la sanidad privada aquello de que "el sistema sanitario privado -sin descuidar lo más mínimo la calidad- debe ofrecer una atención más personalizada".

Y ahí hay un deseo expreso de limitación de la calidad del sector público, escondido entre argumentos de defensor de la sanidad pública.

Me recuerda a un rico amigo de mi padre que decía... "a ver cuándo suben de verdad el precio de la gasolina..." y todos le miraban sorprendido... "para que los pobretones dejen de coger el coche, y podamos circular a gusto los de siempre".


Defender a las castas no es una gran idea en estos momentos... 

viernes, 10 de abril de 2015

Las propuestas de políticas de control de gasto sanitario son un galimatías que confunde y empieza a aburrir...


No es fácil entender los movimientos compulsivos del gobierno en políticas fiscales y sanitarias, especialmente cuando se tornan incoherentes y confusas.

Por una parte las autoridades económicas españolas le dicen a Europa que vamos a bajar el gasto sanitario hasta un 5,3% del PIB en 2017. Por otra parte las autoridades sanitarias españolas le dice a Farmaindustria que entienden su sufrimiento por la reducción de gasto en farmacia (extrahospitalaria con recetas, pues la hospitalaria sigue subiendo aunque el gasto se oculta celosamente), y que va a poner coto a la bajada, indizando a partir de ahora el gasto farmacéutico con el crecimiento del PIB.

Adjunto un gráfico de mi amigo Oteo con estimaciones de los gastos y escenarios del Gobierno de España... 

Primera incoherencia: si el %PIB baja para toda la sanidad, pero no para una parte (farmacia)... el resultado obvio es que los demás van a soportar esta no reducción (particularmente la plantilla y el salario de los profesionales).

Pero el asunto es más confuso aún: porque el Ministerio de Sanidad sólo tiene competencias reales en regular precios máximos autorizados de los medicamentos;  controla precios pero no cantidades; e incluso los precios pueden modificarse con subastas (a la andaluza) o cataloguiños (a la gallega); o visados e informes previos para justificar una prescripción... Por lo tanto es difícil entender cómo se puede comprometer a subida, bajada o indización del gasto quien no tiene la gestión del medicamento...

Y finalmente, surge una extraña norma que ofrece a las CCAA que se porten bien (no gasten mas... ¿ni menos? que el % PIB en farmacia - suponemos que de recetas), el premio de acceder a un fondo de crédito para inversiones (que la tecnológica FENIN y las constructoras esperan como agua de Mayo) ... contrayendo una deuda con la hacienda pública que antes o después habrá que pagar (vaya regalos)... y a quien se porte mal, el prohibirle las prestaciones complementarias que había desarrollado...

http://economia.elpais.com/economia/2015/03/23/actualidad/1427134316_461770.html 

De verdad que no puedo entenderlo; se me ocurre que son movimientos compulsivos para que el cadáver institucional de un Ministerio en declive, parezca que se mueve, que hace algo, y que mantiene una vida aparente de la cual muchos empiezan a dudar. La debilidad de la administración general del Estado para coordinar la sanidad, se une ahora al achique de espacios que ejecutan las autoridades económicas; malos tiempos para ser ministro de sanidad...

Mientras tanto no para de haber declaraciones, iniciativas, posicionamientos, reales decretos... que en gran medida son inaplicables e irrelevantes; lenta agonía; la muerte a escobazos que diría una buena amiga de Albacete... que me despierten cuando acabe este espectáculo de despropósitos y alguien quiera reconstruir eso que pomposamente llamamos SISTEMA NACIONAL DE SALUD... ea!



miércoles, 11 de marzo de 2015

¿Es bueno o malo que el servicio público de salud retribuya la dedicación exclusiva de los médicos?



Es cierto que el pago de complemento de exclusiva dedicación al trabajo en un puesto público no va ligado al tiempo contratado, ni a la productividad ni al desempeño (no se paga por estar, por hacer mucho, o por hacerlo bien), por lo que en principio goza de mala reputación para los que defienden modelos más tayloristas o gerencialistas de contratación profesional. 

Pero para ser justos, hay otros complementos retributivos que no solemos cuestionar, y que les pasa lo mismo… la antigüedad o la carrera profesional; ambos buscan fidelizar al profesional con el empleo público, y la carrera debería además añadir un estímulo al desarrollo profesional continuo y una recompensa de la excelencia alcanzada (corramos un tupido velo sobre la escasa meritocracia de nuestras carreras profesionales).  

En términos generales, un complemento de exclusiva dedicación podría buscar tres propósitos: a) evitar los conflictos de interés entre la práctica pública y la privada; b) reducir la fatiga generada por desempeñar un trabajo complementario para optimizar el rendimiento en la jornada contratada; y c) aumentar la disponibilidad temporal para guardias y turnos extra que pueden requerirse para adaptar el tiempo personal a los requerimientos del trabajo.

Ninguno de los anteriores propósitos tienen que ver con el axioma “ante la misma función, misma responsabilidad y mismo horario, igual remuneración”, que era el principal argumento de desautorización del complemento de exclusiva dedicación formulado recientemente por el Vocal de Hospitales de la Organización Médica Colegial. 

Y no tienen que ver con el axioma, porque ni siquiera lo pretenden (como tampoco la antigüedad o la carrera); simplemente se dirigen a modular otras dimensiones de la relación contractual. Por ejemplo, un centro privado como la Clínica Universitaria de Navarra, utiliza y exhibe la exclusiva dedicación de su personal como un elemento de calidad y garantía para sus pacientes en el marketing institucional http://www.cun.es/nuestros-profesionales

El conflicto de interés no es un tema menor: al estar en ambos sectores existe una clara tentación de trasfundir pacientes de la mañana a la tarde (para verles como pacientes privados), y de la tarde a la mañana (para hacerles pruebas o adelantarles en listas de espera para procedimientos o intervenciones). Esta tentación se minimiza cuando se tratan condiciones con aseguramiento separado  (tráfico, laborales, deportes, seguros privados…); pero en la sala de espera privada al final convergen todo tipo de pacientes y regímenes de aseguramiento. Negar el conflicto de interés no es razonable, y cualquier inspector médico puede atestiguar una amplia casuística de problemas disciplinarios que acaban emergiendo en este escenario.

Una cosa es identificar un problema, y otra saber cómo solucionarlo. La simplicidad de imponer la absoluta incompatibilidad del puesto público con la práctica privada tiene efectos secundarios muy importantes; no sólo por la conflictividad o por los costes de la reclamación expropiatoria de  “derechos adquiridos” de los actuales profesionales. Recordemos que en los países de la Europa del Este la prohibición de la práctica privada no devino en su desaparición, sino en su ocultación y pervivencia parásita dentro del hospital público (pagos con sobres bajo la mesa para acceder a médicos prestigiosos o para adelantarse en la lista de espera) o en la extra-hospitalaria (“igualas” mensuales, o regalos sistemáticos para conseguir mejor asistencia o trato).

Hay otros efectos secundarios de exigir la incompatibilidad, aunque estos son mucho más sutiles y controvertidos. Entremos un poco a chapotear en este charco:

a) Hay una gran “biodiversidad” entre los facultativos; diferencias en talento, habilidad, interés, ilusión, ganas de trabajar, ganas de ganar dinero, etc.; en cada una de las edades del médico hay un mix de motivación diferente;  y además no todos se especializan o dedican por igual a las especialidades, áreas y procedimientos.

b) Supongamos que existe un cluster de profesionales muy competentes y muy trabajadores, que alcanzan un nivel de excelencia en el ámbito de práctica que les posibilita el hospital público. Inmediatamente su reputación y prestigio sube, y este aumento de valor matutino se transfiere a la tarde; de tal modo que las posibilidades de ganar mucho dinero con poco trabajo extra en el sector privado, aumentan exponencialmente para este grupo de médicos.

c) Algunos dirían que apropiarse por la tarde del valor generado en la mañana es injusto; puede ser en parte cierto, pero siempre debemos recordar que buena parte de la curva de aprendizaje y experiencia que conduce a la excelencia se genera por el estudio y esfuerzo personal del facultativo laborioso y enamorado de su profesión.

d) Pero justo o injusto, es un hecho de que el facultativo excelente en la mañana, tiene un valor añadido mayor por la tarde; y en ocasiones, si se le fuerza a abandonar su puesto de mañana en el hospital público, se le planteará el dilema de si le merece la pena seguir en el hospital, o rentabilizará mejor su esfuerzo pasándose con armas y bagaje a trabajar sólo en el sector privado. Y si se va, entonces la descapitalización será plena e irremediable. No parece viable poner cláusulas de no escape durante varios años, como las que hace el ejército con los pilotos de caza para que no se fuguen a la aviación civil para rentabilizar la formación y experiencia recibida.

Por lo tanto, exigir incompatibilidad puede tener el efecto secundario de descapitalizar el servicio público de algunos profesionales excelentes.

Si nos quisiéramos meter en otro charco aún más espeso, tendríamos que hablar de la necesidad de transparencia y de evitar los abusos dentro de la profesión.

Transparencia significa que el trabajo privado debería ser declarado al contratador público para evaluar los problemas de solapamiento horario o posible conflicto funcional.

Abusos entre colegas se refiere a la proletarización de residentes y jóvenes especialistas que forman parte del equipo de primeras figuras (o primeros bisturíes) haciendo el grueso del trabajo bajo su nombre y prestigio, pero recibiendo solamente migajas de los rendimientos  reales de la facturación; peor aún si este peaje por la tarde es necesario para obtener renovación del contrato de la mañana, o ventajas de promoción o mejora en el mismo. La salud de la profesión médica se resiente mucho con estos desafueros que hacen algunos BIG-DOCs con los NORMAL-DOCs.

No obstante todo lo anterior, la exclusiva dedicación puede ser un premio o compensación que facilite una opción de permanencia y fidelización al personal, sin que sea preciso exigirlo con carácter obligatorio. E incluso puede ser un mérito preferente para las jefaturas de unidad (otro debate, particularmente en Andalucía), ya que los conflictos de interés son más relevantes para alguien que ha de dirigir y liderar una unidad de gestión clínica; incluso en este caso no sería del todo prudente obligarse siempre y en todo lugar a exigir la exclusividad, porque pueda haber situaciones donde el prestigio y la reputación de una figura, o la ausencia de alternativas, puedan aconsejar aplicar alguna excepción a la regla.

Entiéndase: en el mundo de las empresas privadas este problema se resuelve más fácil con la fijación bilateral de las retribuciones y condiciones de trabajo, que además no son públicas; al estar sometidos en la función pública a una homogeneidad y transparencia en las retribuciones, conviene conservar holguras que nos ayuden a gestionar la gran diversidad de situaciones que hemos de enfrentar cada día en cada lugar del territorio.

Sin embargo goza de escaso predicamento la idea del pago por dedicación exclusiva; su descrédito proviene de la experiencia y peripecias vividas en estos años: la dificultad de control, seguida de la falta de control, y completada por la no penalización de las conductas fraudulentas, ha llevado a que se los que cumplen se enojen con los que cobran y no cumplen, y a que el conjunto del sistema pierda credibilidad. Otra vez el mal gobierno, combinado con la pillería y marrullería de algunos, que tiende a generalizarse, porque el virtuoso en un mar de corsarios pasa a ser un tonto o un mártir.

Por lo tanto, no sería ilegítimo ni estúpido que los servicios regionales de salud quisieran premiar la dedicación exclusiva, pese a que no se estuviera retribuyendo directamente ni el estar, ni el hacer, ni el hacer bien. O incluso estar premiando en “no hacer” (no hacer trabajo privado). Pero todos desconfían de que su aplicación sea correcta, sistemática y justa.

¿Por qué no visualizar otras alternativas?: redefinir la exclusiva dedicación como una extensión de jornada hacia la tarde, que permita de forma efectiva mantener activas las unidades clínicas ambulatorias (consultas, exploraciones funcionales, intervenciones quirúrgicas, consultas de alta resolución, etc.) más allá de la magra jornada matutina, que acaba cuando las campanadas de las dos hacen que muchos corran recogiendo los trastos a la carroza que está en el parking  para evitar que se convierta en calabaza (como le pasó a Cenicienta).

Y quizás substituir con una turnicidad razonable y flexible de tarde, tanta guardia de planta de especialidades de presencia física, que podría ser parcialmente permutada por guardias localizadas apoyadas con tele-consulta móvil de los especialistas.

Creo honestamente que existen nuevas combinaciones donde podemos ganar todos en racionalidad técnica y calidad de vida laboral. Más flexibilidad en los hospitales y la atención primaria para adaptar las reglas de gestión de recursos humanos a las peculiaridades y la biodiversidad. Pero no renunciar a recompensar la mayor dedicación al trabajo público, ni la reducción de conflictos de interés que enrarecen la vida cotidiana y aumentan la suspicacia.


Sería bonito un mundo sencillo, homogéneo, predecible… pero como dice Menken “Para cada problema complejo hay una solución simple, clara y equivocada”. Y en cuestiones de personal nos encontraremos con frecuencia con dilemas, que más que solución solamente tienen apaño

Eppur si muove… 

domingo, 1 de marzo de 2015

En EEUU regañan por "poco profesionales" a médicos por dar dinero para medicinas a pacientes pobres... ¿y en España?


Llega a mis manos un testimonio de 2013 sobre la actitud de los profesionales ante las necesidades de los pacientes... (el artículo publicado en JAMA fue muy comentado)

La historia es sencilla: en EEUU un viernes por la tarde y tras dos horas de intentar conseguir por  teléfono que una aseguradora privada autorizara una prescripción a una paciente, el médico decide sacar de su bolsillo 30 dólares y dárselo para que se compre el medicamento. El acto de generosidad es observado por el residente que hace prácticas en la consulta, el cual lo comenta a su tutor de residentes. El resultado final es una reprimenda de los superiores por "cruzar de forma no profesional los límites".

El artículo de Gordon Schiff relata su sorpresa: pensaba que los límites son para proteger a los pacientes de los abusos de los médicos en su posición de superioridad (explotando la confianza y la vulnerabilidad de los enfermos); y que la distancia terapéutica y evitación de los excesos de confianza y familiaridad, estaban destinados a evitar invadir el espacio de los pacientes. Pero no... parece que las barreras se están redirigiendo a proteger a los médicos del robo de su valioso tiempo, o protegiendo la conciencia para no hacernos preguntas dolorosas sobre la inequidad y las necesidades de los pacientes como enfermos y como personas.

Las definiciones clásicas de la medicina como una actividad fundamentalmente moral que surge del imperativo de cuidar a los pacientes y aliviar su sufrimiento (AMA) parece que ahora se tilda peyorativamente como "profesionalismo nostálgico", para ser reemplazado por una modelo desapasionado e inclemente como el que existe en las relaciones comerciales.

Le enseñé el artículo a mi mujer, Psiquiatra en un barrio donde la crisis ha pegado muy fuerte. Ellos tienen una caja de resistencia para pagarle tratamientos a aquellos pacientes que han sido tachados de ilegales por los gobiernos del Partido Popular... Del bolsillo de los trabajadores de salud mental de Vallecas parece que sale dinero para ayudar a pacientes excluidos y sin recursos. Si estuvieran en Estados Unidos igual serían sometidos a un apercibimiento disciplinario por haber cruzado la frontera de la implicación con los pacientes.

Por eso hay que decir, como afirma Gordon... CRUZAR LAS FRONTERAS, ¿VIOLACIÓN U OBLIGACIÓN?... Merecen un premio...