lunes, 11 de mayo de 2020

No sólo existe la estrategia tipo-IFEMA: ¿necesitamos un hospital de epidemias para Madrid?


COVID-19 es una infección; pero el reto asistencial no es combatir al virus (aún no tenemos fármacos específicos) sino afrontar daños multisistémicos, tormentas inmunitarias, problemas de coagulación, y fracaso respiratorio que precisa largos períodos de ventilación mecánica.

Un hospital para COVID-19 no sería un “hospital de campaña” para epidemias de cólera o tifus; debería ser un auténtico Hospital General capaz de movilizar todos los servicios y procedimientos de la moderna medicina.

Los pacientes más graves de COVID-19 son mayores y arrastran comorbilidades diversas. Cuando se hospitalizan, el valorar y continuar con los tratamientos que ya tenían prescritos, supone un reto para las especialidades y para la farmacia hospitalaria.

Un hospital monográfico para COVID-19 no puede concebirse como una mera superficie diáfana y versátil y con mobiliario general y clínico bien preparado. Lo fácil es la cama y sus suministros eléctricos, de oxígeno y de vacío. Lo difícil es dotarle de las personas, de los servicios y de los equipamientos del conjunto de especialidades que pueden necesitar.

Este tipo de centro, podría jugar un papel de hospital para convalecientes y enfermos para los que se busca más aislamiento y cuidados que tratamiento. Sin negar valor a lo que puede aportar este modelo de “Sanatorio COVID-19” a efectos de descargar los centros en picos de desborde por olas epidémicas, lo cierto es que no deberíamos considerarlo un Hospital General en sentido estricto; su función puede ser complementaria y de acompañamiento, pero no central y determinante en el tratamiento de casos graves.

Pero, si se diseñan camas complementarias para acompañar a los Hospitales Generales… ¿por qué no ubicarlas en el propio hospital, cuando hay camas cerradas? O ¿por qué no actuar reconvirtiendo zonas o superficies, ubicando prefabricados en sus aledaños (donde haya espacio), o completando los recursos con hoteles medicalizados muy próximos a cada centros hospitalario?

Esta estrategia alternativa, de “expansión local de capacidad de hospitalización” permitiría crear una reserva estratégica, movilizable desde los propios hospitales, que utilizaría los servicios clínicos del conjunto del hospital para tratar a pacientes, y que se beneficiaría de la proximidad de sus pacientes para gestionar servicios centrales y generales, y para reubicarlos según evolucione su nivel de gravedad y necesidad de cuidados.

Esta estrategia frente a la de “tipo-IFEMA” minimiza los traslados, aporta mayor solvencia clínica, da más seguridad, permite respuestas localmente escalables y gestionables, y mejora la eficiencia social en el uso de recursos.

Es una opción menos llamativa para la publicidad institucional; pero en los Hospitales Generales también pueden venir los políticos a hacerse fotos.


viernes, 10 de abril de 2020

¿Cómo podríamos ir saliendo del Confinamiento por el Cornavirus?

Propuesta e infografía sobre cómo poder desarrollar el des-confinamiento, cuando se considere prudente ponerlo en marcha (por reducción de casos y de presión asistencial, por disponibilidad de EPIs y existencia de test suficientes)...

1- Atención Primaria (y salud laboral) con medios y circuitos rápidos y diferenciados para:
a) Diagnosticar enfermos de COVID (síntomas, IGM y PCR), derivarlos a recursos de CONFINAMIENTO / ASISTENCIA
b)  Cribar población que acuda, para identificar inmunizados (TEST IGG+), y darles certificación de que no pueden ni contagiar ni ser contagiados (pasaporte verde). Los TEST IGG- reciben una certificación (pasaporte amarillo) y un pack de consejos de autoprotección y protección cuando contacten con población vulnerable (¿cita para repetir IGG al cabo de un tiempo?).
Los pasaportes se inscriben en un repositorio sanitario, y son descargables en el teléfono móvil para que el interesado pueda mostrarlo para justificar su movilidad (alternativamente podría ser un certificado en papel).

2- Los que tienen pasaporte pueden incorporarse a la MOVILIDAD
a) Pasaporte verde, sin restricciones, pero con precauciones para no arrastrar y contagiar virus (fómites): lavado de manos, distanciamiento social, etc.
b) Pasaporte amarillo, con restricciones adicionales: vigilancia de síntomas, autoprotección, distancia de seguridad, minimizar contactos con población vulnerable.

3- Se van abriendo sectores y centros, con medidas de adaptación para minimizar la posibilidad de contagios.

4- Se trata a los pacientes, y se confina a los contagiados (casos leves y subclínicos), en sus casa o en centros especiales para pasar la cuarentena.

5- Se protegen domicilios con gente mayor, y residencias de ancianos.

a) Medicalización de las residencias y medidas efectivas para aislamiento interno o evacuación a centros de cuarentena para mayores.
b) Atención domiciliaria y vigilancia epidemiológica reforzada en casas con gente mayor. Protocolo reforzado para evitar visitas de los no inmunizados.

domingo, 22 de marzo de 2020

RELACIÓN ENTRE EXPERTOS Y AUTORIDADES, EN CASOS DE EMERGENCIAS DE SALUD PÚBLICA



Los expertos tienen ventajas: acumulan conocimiento de forma exhaustiva y actualizada. Pero por eso tienen inconvenientes; las llamadas 3M: Miopía (ven sólo su territorio), Megalomanía (su especialidad es la más importante), y Melancolía (tristeza y rabia cuando no les hacen todo el caso que creen merecer).

Los consejos de los expertos maximizan la visión de cada cual: si son microbiólogos, tienden a propugnar el distanciamiento social mayor y el confinamiento doméstico más estricto; si son economistas, tienden a dar más importancia al impacto en la producción de bienes y servicios, y que se desencadene un pérdida irreparable de trama productiva y puestos de trabajo. Los clínicos buscan desesperadamente protegerse, encontrar respiradores, y dar con un buen tratamiento. Los investigadores todo lo fían a la carrera por encontrar la vacuna que acabe con el virus.

Gracias a la Miopía consiguen escapar de la ingrata tarea de ver el mundo desde diferentes perspectivas, para tomar decisiones difíciles. Afortunadamente, para estas situaciones se han inventado los políticos y responsables institucionales, que deben tomar decisiones (o no tomarlas, que es otra forma de tomarlas), y asumir la culpa flotante de todos los que han sido damnificados; también recibir las críticas de todos los “expertos monoclonales”, que acaban enfurruñados porque inevitablemente se frustra su “solución final” al tener que hacerla compatible con otras visiones y problemas. Los políticos son expertos en centrifugar la culpa para que otros carguen con el coste de imagen y electoral.

Los responsables y gestores institucionales, y los epidemiólogos y demás salubristas, han de tener una visión sintética,inevitablemente. Estos sufren especialmente, porque están en medio de los especialistas y los decisores políticos. Triste suerte la de los “generalistas” que han de moverse entre todos los territorios, sin tener ninguno como propio. 

Por lo anterior conviene encerrar en una sala a los expertos, para minimizar su miopía y megalomanía (obligarles a que se escuchen mutuamente), y relajar las críticas a los decisores hasta que tenga sentido hacerlas, desde la perspectiva del aprendizaje colectivo y de la eventual responsabilidad.

miércoles, 5 de febrero de 2020

POR UNA RUTA SENSATA Y DIALOGADA PARA ABORDAR EL COMPLEJO FENÓMENO DE LA SUBESPECIALIZACIÓN MÉDICA


El Siglo XX nos legó en herencia una medicina basada en unas 50 especialidades y 200 subespecialidades. Lo que inicialmente fue útil para acoger la expansión del saber y la técnica, ha ido produciendo una creciente fragmentación y elevando los esfuerzos y costes de coordinación.

La creciente cronicidad y pluripatología añade exigencias de mejor integración de procesos, y de introducir criterios de priorización y conciliación, que son con frecuencia impracticables, al estar los profesionales sumidos en universos separados e incomunicados.

La debilitación de la atención primaria, y su pérdida de posición y autoridad organizativa para actuar de “centrocampistas” de equipos que no trabajan como equipos, añade mayor dificultad y ensombrece el pronóstico.

Hasta aquí todo bastante conocido. Para salir de una situación preocupante, lo primero que hay que hacer es no seguir cavando en el mismo hoyo. ¿Cómo conciliar la necesidad de especializarse con la de integrar la acción de todos ante el cada paciente? De forma sencilla: evitando que la necesidad de especializarse se convierta en una pulsión de especialización; y añadiendo nuevos marcos organizativos y métodos para articular los cuidados entre especialistas en beneficio del paciente.

Los problemas, y costes, de una medicina fragmentada.

Cuando abordamos la complejidad con el método reduccionista (ANÁLISIS), luego tenemos que afrontar un coste de reconstrucción para manipular el sistema y aplicar los nuevos conocimientos y habilidades adquiridos (SÍNTESIS).

La compatibilidad depende críticamente de que al aplicar la descomposición de la complejidad (división de tareas) no se creen adherencias e intereses que distorsionen la organización e impidan luego reconstruir un curso de acción sensato.

La integración asistencial sería este proceso gestor orientado a maximizar las ventajas de la división de tareas, y a minimizar el coste y esfuerzo de coordinación (producción acoplada) y motivación (sacar a los profesionales de su zona de confort e inercia).

En la cosmología de la medicina hospitalaria moderna, la sucesiva bipartición o gemación de especialidades tiende a producir mundos separados donde anida…

 el "atolondramiento" (decisiones desarticuladas, confusas y a veces extravagantes),
 el "ensimismamiento" (miopía clínica y atrofia de la curiosidad por otros síntomas, signos, órganos y sistemas), y
 la "inclemencia" (amor a la medicina e indiferencia ante el paciente).

Cada especialidad y subespecialidad recurre a una epistemología ad-hoc y escala desde sus focos de interés (enfermedades, procesos y procedimientos bajo su control) hacia sus determinantes fisiopatológicos, celulares, moleculares y genéticos; así se construyen enfermedades y pre-enfermedades que buscan ensanchar su campo profesional y clínico.

Esta ruta "aguas arriba" en predicciones, prevenciones y altas precisiones genéticas, expanden el universo de la subespecialidad, pero lo hacen menos compartido, menos efectivo, más inseguro, más alejado del paciente, menos compasivo, más deshumanizado y más alejado de la razón de ser de la medicina como práctica profesional integral, personalizada y humanizada.

¿Se pueden combinar las ventajas de la subespecialización sin incurrir en importantes costes de fragmentación?


Se trata de evitar el recalentamiento del proceso de subespecialización iterativo y sucesivo; y en todo caso, paliar su efecto de ensimismamiento profesional en estos pequeños universos escindidos.

Un primer intento (por el momento fallido) fue la creación de grandes troncos de especialidades, que permitieran a varias compartir un itinerario formativo antes de subespecializarse. De esta forma, se adquirirían competencias para un manejo clínico más integral, facilitaría la relación entre especialistas y el manejo directo de las comorbilidades (sin desencadenar olas de interconsultas a otros subespecialistas).

Conviene recordar, que el Real Decreto 639/2014, por el que se regulaba la troncalidad, la re-especialización troncal y las áreas de capacitación específica tenía, entre otros, este propósito. La iniciativa fue hostigada internamente (dentro de la profesión) por problemas de diseño y por la habitual renuencia a cambios. Es una pena que no hayamos podido resolver dentro de la profesión estos desencuentros territoriales, en ocasión feroces.
Pero es importante señalar que el precitado Real Decreto fue anulado año y medio después por el Tribunal Supremo por otro tema, aparentemente formal: la insuficiencia de las previsiones de la Administración sobre el impacto económico del cambio en el modelo formativo propuesto.

Sin embargo, no era sólo ni principalmente un problema formal: pretender cambios en el sistema MIR sin recursos incrementales, equivale a intentar hacer una tortilla… sin romper huevos … y sin huevos, sin aceite y sin sartén. Desconsuela que los proyectos importantes de trasformación y reforma de la sanidad se vean huérfanos de los mínimos recursos para hacerlos viables. Y esto es achacable al exagerado poder de las administraciones económicas y de función pública que imponen restricciones insuperables a las autoridades sanitarias.

Un segundo intento se produce ahora, con el intento de activar las Áreas de Capacitación Específicas (ACEs), que son “a modo de” subespecialidades de menor rango profesional y organizativo. La idea no es mala; disipar la presión para la creación de nuevas especialidades, reconocer y ordenar una realidad existente en la práctica clínica cotidiana, en la cual muchos médicos ya están inmersos como subespecialistas o tecnólogos del conocimiento, y, quizás, facilitar que una parte de las plazas que se convocan para puestos de estas características, puedan perfilarse en los concursos con un sistema más homogéneo y amplio de valoración de méritos.

No parece pertinente en este momento centrar la crítica en esta propuesta de cambio legislativo, por más que la concepción de las ACEs ensambladas tras el tercer año de la residencia suponga un giro conceptual frente a lo planteado desde 2003 en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS). Casi es mejor formular en positivo un esquema de cómo desarrollar un modelo de subespecialización que minimice los riesgos de fragmentación, invocando y desarrollando la misma filosofía de la LOPS.

Por una subespecialización flexible y lubricada con medios para la movilidad.

Los problemas complejos no tienen “soluciones”, sino cambios hacia equilibrios menos desfavorables; en este caso, es posible que se trate de “deconstruir” la parte de la complejidad prescindible y evitable. Las alternativas pueden ser más fáciles de los que se piensa, aunque quizás no más baratas. 

Se trataría de crear unos cauces de movilidad formativa, profesional y laboral, que en buena medida sean autogobernados desde el profesionalismo, que tengan reversibilidad para evitar meterse en callejones sin salida y sin retorno, y con una mínima formalización normativa y burocrática.

En la Figura 1 podemos ver cómo se podría aportar movilidad profesional y hacer porosos los compartimentos estancos para los facultativos (especialmente para los que ya vienen ejerciendo su especialidad de forma completa y madura).




1- La subespecialización funcional, la que hoy ya se viene produciendo dentro de los servicios, se podría formalizar y reconocer a través de sistemas de acreditación de experiencia y de realización de actividades de formación continuada. En el artículo 36 de la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS), se dibuja claramente la alternativa dentro de su Capítulo IV de Formación Continuada: los Diplomas de Acreditación, y de Acreditación Avanzada, que serían idóneos para formalizar las subespecializaciones sin que se fragmente el desempeño profesional de los servicios de especialidad, y con total reversibilidad hacia una praxis generalista de la propia especialidad. Y, además, permite y canaliza el reconocimiento para los concursos de plazas “con perfiles”: 

Los Diplomas de Acreditación y los Diplomas de Acreditación Avanzada serán valorados como mérito en los sistemas de provisión de plazas cuando así se prevea en la normativa correspondiente.

2- La subespecialización estructural tiene otro significado: busca crear un ámbito diferenciado y estable de desarrollo de competencias y prácticas, en el que también pueden converger médicos de diversas especialidades. Su desarrollo tiene implicaciones organizativas (incluida la posible reserva de plazas en la relación de puestos de trabajo, y la configuración de categorías profesionales), y la reversibilidad sería en la práctica menor que en la subespecialización funcional. Las Áreas de Capacitación Específica reguladas en la LOPS en su Capítulo III de Formación Especializada, encajan claramente en este ámbito de subespecialización que aporta mayor estabilidad estructural, pero no requiere aumentar el número de especialidades oficiales.

3- La re-especialización (quizás más apropiadamente “trans-especialización”) permitiría un flujo entre especialidades afines: por el bien de médicos, de los sistemas sanitarios y de los propios pacientes. La existencia de “pasarelas” entre especialidades, técnicamente bien diseñadas, pero de gestión ágil y poco burocratizada, aportaría flexibilidad a la planificación, adaptación a cambios vocacionales o competenciales del profesional, y posibilidades de reajustar la práctica en función de la evolución de los médicos y de la medicina.



Financiar la movilidad dentro del SNS para aprender y mejorar.


Pero para que estas políticas profesionales funcionen, hace falta más dinero y organización que regulación y Boletín Oficial. En efecto, si existieran unos fondos de movilidad y especialización para facultativos especialistas del SNS, que cubrieran comisiones de servicio con gastos de desplazamiento para ir a otro centro a aprender, y para suplir al rotante mientras está fuera, conseguiríamos aportar viabilidad a los procesos, y limitar el creciente localismo de la medicina especializada española.

No debería entenderse como un “erasmus médico” voluntarista y precario; debería ser más bien una prestigiada “Comisión de Servicios de Ampliación de Estudios”, con la reputación que en su día tuvieron las Becas que concedía el FIS, pero mejoradas en su capacidad de apoyar al rotante y al centro de origen: deberían apoyar la movilidad del facultativo que se comisiona (viaje, alojamiento, y gastos), pero también a su centro sanitario, como ayuda para cubrir el hueco asistencial que deja.

El Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud, podría ser el organismo que gestionara esta convocatoria anual de dotaciones para la movilidad, que cubrirían tanto la capacitación orientada a diplomas y ACEs, como la movilidad para que dentro del SNS se pudieran cruzar las barreras autonómicas para fomentar una comunidad fraterna de conocimiento y práctica entre los médicos de las diferentes CCAA y centros sanitarios.

El Fondo de Cohesión, ahora que va a reactivarse, podría asumir esta función que claramente supondría una mejora en la capacidad de especializar sin fragmentar a la medicina española, y también de intercambiar y moverse entre centros y servicios de diversas CCAA.

Objetivos de futuro… para seguir mejorando la medicina española.


El SNS necesita políticas profesionales y científicas; porque son necesarias para la calidad, y también porque ayudan a la sostenibilidad y favorecen la motivación intrínseca y trascendente.

En concreto, la gestión de la alta especialización y la especialización plantea una serie de retos a los que deberíamos ser capaces de enfrentarnos en los próximos años, y que enunciamos sin pretender exhaustividad:

        La formación troncal, las pasarelas de reespecialización, y otras medidas que aumenten la porosidad de las fronteras “tribales”.

        Revisar el concepto de Área de Salud de la Ley General de Sanidad, para configurar la red hospitalaria sobre una ordenación territorial basada en grandes áreas subregionales que faciliten la movilidad de médicos entre grandes hospitales (nodriza) y los hospitales menores y de proximidad que están en su entorno; este esquema permite una suave y progresiva reordenación interna de la alta especialización, en beneficio de la calidad asistencial para los pacientes.

        Potenciar la capacidad de auto-organización de la Atención Primaria, y su capacidad de integrar y desplegar servicios de proximidad. La “supra-especialidad” de medicina familiar y comunitaria, con otras especialidades y profesiones en el primer nivel asistencial, deben compensar la fragmentación inherente al principio de subespecialización del hospital, haciendo de agentes y “brokers” que acompañan y asesoran al paciente y su familia a lo largo de los años.  

        Será necesario contar con un papel más activo y exigente del financiador y de las autoridades sanitarias; no todo se debe-puede hacer en todos lados. Los médicos debemos aceptar la cultura de la evaluación, y la disciplina de una planificación sanitaria participativa y basada en la evidencia.

        Y control del localismo provinciano y sub-provinciano: persuadirse y persuadir (a pacientes, familias y alcaldes) que es mejor que viaje el paciente para llegar un centro de excelencia, a que reciba cuidados inapropiados cerca de su casa


domingo, 29 de diciembre de 2019

RECONDUCIR EL CONFLICTO CON EL INDEPENDENTISMO CATALÁN FUERA DE LA SENDA UNILATERAL Y DENTRO DEL CAMINO DEL DIÁLOGO… INTERESA A LA GRAN MAYORÍA.


Ya que hemos de convivir mucho tiempo con este florecer del nacionalismo y regionalismo (hasta León ya quiere autodeterminarse de Castilla la Vieja), más vale que aprendamos a diferenciar situaciones, afilar la capacidad de análisis, aprender a discrepar sin descalificar, y seguir siendo amigos y buenos vecinos.

En el escenario actual yo veo que hay dos corrientes de acontecimientos judiciales distintos, aunque interrelacionadas. La primera tiene que ver con la prisión provisional que se aplicó a Junqueras y demás encausados de sedición-rebelión, que fue una injusticia, una desmesura y un error que, combinado con las inmunidades europeas, ha llevado a un callejón sin salida desde el punto de vista del proceder jurisdiccional.

La segunda tiene que ver con el enjuiciamiento y condena de actos políticos que implicaban una acción unilateral que rompía el marco normativo constitucional español; en este caso, sensu contrario, sería muy difícil imaginar un sobreseimiento de esta acción, ya que, por su propia lógica, la desobediencia consciente y deliberada de la constitución, no puede quedar impune judicialmente sin negar el propio orden que sustenta a la justicia.

El que la justicia europea reponga la inmunidad a los (ahora) reos y a los encausados fugados, e incluso, que pueda sacarles de la cárcel, negar el suplicatorio y mantenerlos en una burbuja de protección por su acta de eurodiputado… no altera un ápice la situación legal ante la justicia. Los siguientes políticos independentistas o soberanistas que buscaran otra oleada de acción unilateral, y aquellos de la primera oleada que no tengan acta de eurodiputado, pasarían a tener el mismo problema… y no creo que haya asientos suficientes en el Parlamento Europeo para inmunizar a muchos más políticos independentistas catalanes.

Finalmente, toca volver al tablero de la estrategia, por más que los fuegos artificiales de los conflictos, represiones, y precursores de bombas caseras llenen las páginas de los periódicos. Y lo que muchos vemos es que el nacionalismo español ha despertado, su brazo político más audaz (Vox) ha contaminado al PP (ya no es el abúlico Rajoy), y ha tensado a los barones del balcanizado PSOE hasta el límite de la desobediencia partidaria. Otra vuelta de tuerca nos pone a la derechona a gobernar España.

Sólo los que practiquen el cuanto peor mejor, van a estar satisfechos. No creo que se pueda vencer “a lo Ghandi” a un gobierno autoritario de partidos en clave ultranacionalista españolista, y con la sartén por el mango de una Unión Europea que no va a arriesgar nada contra un socio principal, y para la cual el gobierno de España tiene la capacidad de veto para incorporaciones de nuevos socios (el caso de Kosovo es una clara señal anticipatoria).

Un posible plan B, de corte claramente insurreccional y violento, creo que traería sufrimientos incalculables a todos, pero sobre todo a los que lo promovieran y a la sociedad catalana. La memoria de la cruel contienda planteada por ETA no queda tan lejos (900 muertos en atentados, 50 años de miedos y extorsiones, represión policial poco controlada, y varios miles de presos en cárceles de toda España)… y además no sirvió para nada; la mayor autonomía fiscal y competencial de la que goza Euskadi, viene de los fueros medievales de sus diputaciones… no de la gloriosa lucha de los gudaris…

Por lo tanto, creo que nos toca reconducir la situación; una legislatura que active una agenda social respetuosa con los equilibrios macroeconómicos (en lo posible), ya vendría bien para mejorar la vida de la gente, desdramatizar y que las pasiones volvieran a los cuarteles de invierno… Y el conflicto político de España con Cataluña, que es innegable, reconducirlo hacia vías de negociación y de acción no unilateral.

jueves, 5 de diciembre de 2019

EL MÉDICO COMO ÚLTIMO VESTIGIO DE SERVICIO PÚBLICO EN PUEBLOS VACIADOS


Primero se quedaron sin trasporte público; se fue la farmacia; también el colegio; luego el bar cerró; la enfermera se amortizó; el cura ya no daba misa; lo que fue pueblo, ahora es pedanía olvidada y vaciada. Sólo queda el médico; sólo, e intentando hacer frente a un puñado de vecinos dispersos en diferentes anexos.

Todos se resisten a “perder al médico”, como si fuera el último vestigio de su continuidad amenazada; lo capturan como símbolo de su resistencia a desaparecer. 

Pero… ¿es función del médico suplir la desbandada de los demás servicios públicos y privados?  ¿No estamos matando moscas a cañonazos?; ¿no sería más bien necesario un buen sistema de conexión de trasporte y telecomunicaciones, y cobertura de servicios sociales a pueblos aislados y envejecidos?

¿Cómo explicarles que un médico va dejando de serlo, cuando trabaja asilado, se dedica a una población minúscula, y no puede actualizarse a través de una práctica clínica más amplia y enriquecida?

¿Cómo mostrarles que una concentración de médicos y enfermeras en un Centro de Salud, con buenos trasportes para consultas y emergencias, y cobertura periódica en consultorios locales, puede dar más y mejor servicio a todos? Especialmente cuando hay una verdadera urgencia…

Otro día podemos hablar de tener maternidades abiertas do­nde casi no hay partos. No se trata de costes, se trata de calidad y seguridad.

La enfermedad se llama desconfianza ciudadana; agravada por la irresistible tentación del oportunismo político.

Las soluciones no son fáciles; pero estropear los proyectos sí. Así vamos manteniendo nichos de irracionalidad y desatendiendo oportunidades de mejora.



martes, 29 de octubre de 2019

No entiendo la lógica ni la utilidad del CATAL-EXIT



Confieso haber defendido de forma un tanto automática e irreflexiva aquello del principio de autodeterminación de los pueblos (como parte del aroma de la descolonización de los imperios).
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Pero reflexionando sobre el tema, me surge una objeción lógica irresoluble a dicho concepto: si dicha autodeterminación se formula como principio ético-político, nadie podría predicarlo de Cataluña respecto a España, sin aceptarlo de forma consecuente para Tarragona respecto a Cataluña, o del Delta del Ebro respecto a Tarragona. La generalización de este principio llevaría a la progresiva atomización de los Estados, en un sentido que resultaría regresivo desde el punto de vista económico, social y cultural e impracticable…
Si no va de principios, el asunto debe de ir de historia: todas las fronteras tienen una génesis histórica, que parte de condicionantes geográficos, migraciones, guerras, alianzas, y muchas más cosas. El único enfoque, entonces, sería utilitarista: ¿qué se gana y qué se pierde con la separación? Incluso cuando la predica una zona rica de un país respecto de una pobre, los costes de la separación pueden ser insoportables.
Teniendo en cuenta la globalización, la necesidad de construir espacios económicos y sociales más amplios, y el monopolio político que tiene España para la entrada de nuevos países en la UE… parece que la opción de separación tiene para Cataluña unos costes abrumadoramente más altos que beneficios. Como para realizarlo unilateralmente se ha de romper el marco Constitucional, no logro ver puede conseguirse más que con un nivel de violencia cuasi-insurreccional; a lo Gandhi lo veo imposible (no hay independencia low cost tal y como va la cosmología dominante en el nacionalismo español).
No parece el momento de invocar el “internacionalismo proletario”; pero sí de señalar que los grandes retos ecológicos y humanos hoy exigen una acción solidaria e inteligente, que va en el sentido contrario de levantar nuevas fronteras. La buena gobernanza es parte de la solución; la corrupción y mala calidad política de los líderes es el verdadero problema que ancla a las naciones en el subdesarrollo y la decadencia.
En fin: ni por principios éticos, ni por ventajas utilitarias, ni por desprenderse de liderazgos mediocres…  veo lógica o ventaja en el procés; más bien una cagada, solo equiparable en su dimensión descomunal a la de los vecinos británicos con esto del Brexit.
No sé si los pueblos se equivocan, pero sí que sus dirigentes pueden meterlos en una espiral de destrucción. Ojalá no vayan mucho más lejos…