domingo, 29 de mayo de 2016

Dilemas del socialismo democrático en la presente campaña...

Los socialistas identificaron tempranamente la necesidad de hacer compatibles justicia y libertad (la famosa frase de Prieto, "soy socialista a fuer de liberal"). Y las lecciones del Siglo XX (estalinismo y derivados) es que los modelos de despotismo ilustrado para el pueblo acaban siendo dictaduras de casta burocrática; buena parte de la izquierda comunista aprendió la lección (algunos como los Trotskistas en carne propia), y se recondujo su praxis política a las instituciones democráticas. 

Aceptar las instituciones supone aceptar también que se va a remar río arriba, contra el agua caudalosa de los poderes económicos, políticos, mediáticos, religiosos,  militares e internacionales establecidos; los cuales (caso de Allende en Chile) pueden dejar de ser tolerantes si la situación amenaza cambios inaceptables.

El peligro de la izquierda comunista o populista es que las urgencias históricas de cambio la aparten de la legitimación democrática de la acción de gobierno: es el dilema actual de Venezuela, donde al parecer los dirigentes quieren rectificar los "errores" del pueblo y se niegan a un repliegue a la oposición. Y, por supuesto, el otro peligro de ir substituyendo el interés general por el particular...

El peligro de la socialdemocracia es relajarse y dejarse llevar por la corriente; sobre todo cuando es dulce y no turbulenta; cuando hay algo que repartir para todas las "clases medias". La libertad pasa a dominar sobre la justicia, y se tensa la dinámica de relación con los desfavorecidos. 

Los sindicatos "de clase", en la medida en que han concentrado su praxis en las "aristocracias obreras y de empleados públicos",  acaban también adormecidas por el arrullo del agua, sin darse cuenta de que el mercado laboral se ha dualizado y precarizado para una parte cada vez más importante de los trabajadores jóvenes.

Y en esta situación, el centro-derecha político y las élites económicas suscriben una santa cruzada contra el "populismo-comunista": sólo hay que revisar las portadas de los medios nacionales cada mañana, para ver hasta qué punto importa la obediencia a las consignas, y lo poco que importa el servicio a la verdad informativa.

Particularmente ofende a la asimetría en la cotidiana demonización de venezolano Maduro y la ignorancia de la larga lista de sátrapas que forman parte de la cohorte política de la monarquía, los grandes empresarios, y las relaciones exteriores del gobierno. Esto no quiere avalar a Maduro y su deriva ("loco como una cabra" decía hace poco el genial uruguayo Mújica). 

Difícil dilema para el Partido Socialista: es ahora cuando tiene que elegir entre un lado y otro del espectro: si se deja llevar río abajo, habrá abandonado buena parte del territorio reformista a otras fuerzas políticas; y de paso, las habrá dejado huérfanas de un referente histórico necesario, que nos recuerda la necesidad de respetar reglas de juego democráticas para evitar que las élites políticas de la izquierda migren de Jeckyll a Hyde.

Ojo con las amistades peligrosas, de dentro y fuera del PSOE; nos estamos jugando mucho todos los españoles...


jueves, 26 de mayo de 2016

MEDICINA PRUDENTE PARA LA SEGURIDAD DEL PACIENTE Y EL DISFRUTE DEL ARTE CLÍNICO

Nos preocupa la seguridad del paciente; nunca lo suficiente; desde aquel "primum non nocere" la medicina ha ido tomando conciencia del parejo avance de la técnica y los errores y efectos adversos.

Dos autores, Beauchamp y  Childress tuvieron la buena fortuna de plasmar la moderna  bioética médica en cuatro principios en equilibrio y conflicto: beneficencia, no maleficencia, justicia y autonomía.

Los problemas de seguridad del paciente claramente se basan en el principio de No Maleficencia; y todo el movimiento desarrollado en los últimos 15-20 años buscan compensar la suficiencia vanidosa de la medicina moderna, para mostrarle el lado menos visible de una práctica clínica que por su fragmentación organizativa y por la potencia de sus instrumentos diagnósticos, terapéuticos y de cuidados, puede ser tóxica para pacientes complejos, pluripatológicos y frágiles. Por no hablar de los pacientes terminales, donde las estrategias paliativas tienen escaso acomodo en la lógica dominante de lucha contra enfermedades.

Pero... ¿y si desde el principio defensivo de la no-maleficencia expandiéramos la seguridad del paciente hacia las otras tres dimensiones bioéticas?

Por ejemplo: en el principio de la Beneficencia, aprendiendo a tener una visión contextual del margen de mejora de la salud: ¿conozco los riesgos de las estrategias asistenciales?; ¿son sobre-compensados por los beneficios esperados, ajustados a la probabilidad de conseguirlos efectivamente?; si el paciente está básicamente sano, ¿sería aceptable un evento adverso? (caso de las inmunizaciones y cribados, o de las intervenciones de cirugía estética y medicina satisfactiva); si el paciente está "desahuciado", ¿serían aceptables las penalidades y molestias que acompañan a las intervenciones para perseguir un vano objetivo de salvar la vida, que se sujeta por la fantasía compartida del médico y su paciente?

O bien, en el principio de la Autonomía, aprendiendo a situar los dilemas en el contexto y bajo el control del paciente: ¿entiende el paciente la estrategia asistencial y los dilemas clínicos?; ¿quiere él saber, y sabemos nosotros explicar adecuadamente en qué consisten?; ¿somos capaces de no imponer sutilmente preferencias profesionales en los pacientes?; ¿somos particularmente cautos cuando de nuestra persuasión por una opción dependen ganancias económicas o de poder que pueden nublar nuestra obligada parcialidad a favor de los intereses del paciente?

Y, finalmente, en el principio de la Justicia, manteniendo un diálogo permanente con nosotros mismos sobre si merece la pena, o valen lo que cuestan, todas y cada una de aquellas acciones que ponemos en marcha en las estrategias clínicas para nuestro paciente. Y aquí la relación con los problemas de seguridad se produce tanto en la desmesura diagnóstica (¿qué valor marginal añade una prueba adicional en el cambio del curso natural de la enfermedad?) como en la obstinación terapéutica miope y descontextualizada.

La desinversión de lo inapropiado y su reinversión en pacientes y acciones con gran margen de impacto en salud tiene premio adicional, ya que tiende a mejorar el balance de seguridad clínica (beneficios - riesgos), porque implica trasladar intervenciones a aquella parte de la curva donde el diferencial entre los incrementos de salud esperables supera ampliamente a los efectos adversos que podrían acontecer.

Y con estas tres relaciones podríamos concebir un QUEHACER CLÍNICO PRUDENTE, una medicina prudente y sensata que sea capaz de sopesar riesgos con beneficios, modularlos con la opinión y preferencias del paciente concreto, y añadir racionalidad técnica donde la mejor evidencia ayude a reducir el uso inapropiado e inseguro.

¿Una nueva carga para el facultativo? No creo; así no funcionaría nunca. Se trataría, por el contrario, de una des-sensibilización ante los miedos ancestrales de la bata (litigios judiciales por malpraxis); de romper con el individualismo feroz para aprender a trabajar con otros colegas y otras profesiones; de despertar a la realidad y constatar que con los pacientes se pueden compartir dudas e incluso confesar errores y fallos sin que el cielo se hunda sobre nuestras cabezas; y de un aprendizaje grupal a cómo ganar sensatez y efectividad en la práctica asistencial usando todos los instrumentos a nuestro alcance: los diagnósticos, los terapéuticos, los de cuidados, y los de interacción personal.

Se trata más de aprender a "surfear" en la caótica ola de cada enfermo, pero con una buena tabla y una técnica bien entrenada, que de aplicar protocolos in vitro que nunca encuentran el paciente adecuado para expresarse con plenitud. Y surfeando con ciencia y arte podemos reencontrar al paciente y al placer de practicar una profesión vocacional y maravillosa.

Con buena formación, con apoyo en otro compañeros, fortaleciendo valores, y perdiendo el miedo a volar, podremos revitalizar esta vieja y nueva profesión nuestra, de forma prudente pero también de manera ligera y relajada, por el hecho de afrontarla de forma más sabia, creativa y reflexiva.

Porque el buen quehacer profesional se asienta en la convicción de que... aunque pueda haber pacientes incurables, nunca hay un paciente incuidable.








miércoles, 18 de mayo de 2016

Creer en la necesidad de un gobierno del Sistema Nacional de Salud no es ser centralista.


El otro día en una tertulia de internet expresaba mi preocupación por la dificultad de control de la endogamia y el localismo de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas. La verdad es que en mis viajes por diferentes lugares, estoy constatando un creciente problema del espacio de gobierno y gestión autonómico de la sanidad; y presumo que también de otros servicios de bienestar.
 
Algunas quejas… Los Servicios Autonómicos de Salud están tan constreñidos por las autoridades económicas y de función pública de las CCAA que cada vez tienen más problemas para gestionar de forma racional y eficiente sus funciones y servicios; los costes de interferencia políticos son enormes, la dificultad de comparación con otros es muy limitada, y la claustrofobia organizativa es asfixiante.

En dicha tertulia comenté que la existencia de una entidad central podría ayudar a las autoridades sanitarias autonómicas a balancear el excesivo localismo, y el achique de espacio de gobierno y gestión que se estaba experimentando. Y mis amigos me tildaron de centralista (jacobino), regalándome con múltiples ejemplos de la incompetencia y absentismo del Ministerio de Sanidad… vamos, que en el centro había más problemas que soluciones…

Bien, pues quiero argumentar en torno a este dilema… porque sin negar la precitada falta de talento y voluntad de gobierno, creo que no será fácil construir un Sistema Nacional de Salud sin que las partes se apoyen en un todo… Veamos… en primer lugar revisemos el escenario actual:

Las reglas de juego de la administración central ya están claras: desde Rodrigo Rato y Pedro Solbes (leyes 21/2001 y 22/2009 de financiación autonómica, y las trasferencias de 2001), el Gobierno de España es feliz con sus tres funciones “residuales”: RE-CAUDAR, RE-PARTIR, y RE-GAÑAR. El bueno de Montoro ha disfrutado tanto con estas sencillas reglas...

La Administración General del Estado y no tiene servicios personales; no tiene ventanillas, no tiene que mancharse las manos… no es responsable de nada directamente; no tiene que negar la vacuna de la Hepatitis C a pacientes de carne y hueso… ; e incluso puede emplear su tiempo  con divertimentos políticamente rentables: por ejemplo, firmando acuerdos con Farma-Industria que prometen a la farmacia crecer con el PIB cuando todo lo demás decrece con el Programa de Estabilidad del Reino de España… el viejo deporte de INVITO YO Y PAGAS TÚ.

El que aún retengan la Seguridad Social es porque es una prestación dineraria (no en especie) que actúa como estabilizador económico y como hucha, además de redondear el discurso patriótico.

Visto así de descarnado, los del Ministerio de Sanidad, han de dedicar un gran esfuerzo a aparentar que siguen existiendo; lo que cada día exige más creatividad…

Aunque sigue habiendo un espacio para política y gobierno del Sistema Nacional de Salud, el abandono político y organizativo al que se ha sometido a este desdichado Ministerio, ha conducido a que se jubilaran las personas y se vaciaran los recursos: un Ministerio anoréxico no puede liderar un sector tan complejo sin contar con un quantum amplio de cuadros competentes. 

La gestión del conocimiento es la clave del gobierno de las organizaciones profesionales y científicas; pero paradójicamente vemos que el Instituto de Salud Carlos III es centrifugado por Zapatero a Innovación, y recentrifugado por Rajoy a Economía y Competitividad. Celebrando su 30 aniversario, este Instituto es visualizado políticamente como un subastador de ayudas a la investigación, más que como un recurso clave en el gobierno del Sistema Nacional de Salud… otra vez sintonizando con la fascinante tríada de Recaudar-Repartir y Regañar…

Esta desertización ministerial es causa y efecto de la devaluación política progresiva: los máximos responsables calientan un rato el sillón antes de marchar a lugares más fértiles (o no, que diría Rajoy).

Y la suma de la falta de talento y el deseo de aparentar estar vivos, lleva a cometer errores y torpezas típicas de los zombis: la regulación de la gestión clínica y de la prescripción enfermera serían casos-estudio de temas que iban navegando a su deriva, y que cuando se ponen encima de la mesa de la autoridad sanitaria central se envenenan…

¿Jacobino yo?; para ser jacobino se necesita defender un Estado que crea en sí mismo; hoy no hay gente más “abertzale” para los servicios de bienestar que las autoridades económicas de España, y las autoridades políticas de la sanidad, la educación y los servicios sociales: porque el juego de Recaudar-Repartir y Regañar no es deseo de gobernar sino de medrar o mangonear; incluso la reforma Wert de la educación, más que jacobina es visionario-cretina… esta tendencia que tienen los grandes-pequeños hombres de pasar por un sitio y que se note que han pasado (¡que hablen de mí, aunque sea bien!).

Lo que sí digo es que las partes que componen el SNS necesitan apoyarse en un todo, porque en general son muy pequeñas, y están sometidas a unos costes de interferencia políticos insoportables e inmanejables.

¿Qué tal la idea de una Agencia de Servicios Autonómicos de Salud que sea un poco más horizontal y menos politizada que la actual Mesa de Tertulia Interterritorial? Que los que se sienten como socios, aunque no tengan los mismos sueños, puedan al menos hacer frente juntos a las mismas pesadillas…


miércoles, 6 de abril de 2016

¿Sin la Colaboración Público-Privada no se hubieran podido construir hospitales necesarios?... ¡Amos Anda!

El dinero ni se crea ni de destruye, sólo cambia de bolsillo... dicen; pensar que sin el crédito de un banco no se puede construir ningún hospital, deja sin explicar las 52.000 camas de la red pública de INSALUD que se construyeron en 17 años. 

Y además el crédito bancario es superior en precio al endeudamiento público. ¿Pero es que alguien se cree que al final no hay que pagar las deudas?

La operación financiera ha salido cara, y esto (casi) no lo discute nadie. En la burbuja de ladrillo sanitario, quizás al principio se buscó hacer viables inversiones, sorteando con una trampilla contable el límite de la Unión Europea de déficit y endeudamiento. Pero pronto se encontró el verdadero placer de la colaboración público privada: pasarle el coste a la siguiente generación. 

Ojo, déficit: si las CCAA hubieran incrementado su capacidad normativa sobre ingresos, o dejado de hacer Calatravas, festivales de Otoño, regatas, aeropuertos, polideportivos, o lo que fuera divertido en cada lugar, igual podrían haberlo financiado (déficit = ingresos - gastos). 

Es mal gobierno desde el principio al final; porque al encontrar una forma tan liviana de hacer hospitales sin tener que pagarlos, se acabaron haciendo donde hacía falta y donde no hacía falta. 

Y esto nada tiene que ver con el debate sobre externalización de servicios de mono gris o de bata blanca... que ese es otro cantar... del que hoy no toca hablar. 

martes, 5 de abril de 2016

La torpeza del área única de Madrid sigue nublando el entendimiento organizativo.

Esperanza Aguirre borró el dibujo territorial de Madrid para que cada cual fuera donde quisiera. Esta medida, lejos de ser una erupción de ideología liberal, era el manto para ocultar los desastres de planificación de infraestructuras: al romper la relación entre recursos y población, nadie le podría achacar que los ratios de camas, médicos, enfermeras, altas, consultas, etc. por habitante estaban desequilibrados… porque cada cual podía ir donde quisiera. Bueno, para los nuevos centros externalizados con pago capitativo, la cápita aún seguía siendo parte del sistema de pagos, pero podían asumir demanda adicional de fuera con ventajas económicas.

Por lo anterior, además de la venta política de esta libertaria elección, se creaba un curioso sistema por el cual una parte del sistema (centros propios con presupuesto erosionado) perdían dinero si atraían demanda (incurrían en costes variables adicionales), mientras que otra parte podía incrementar sus ingresos si atraía gente. Y un call-centre, también externalizado a una empresa (Centro de Atención Personalizada para dar citas) se situaba en medio de todo el flujo asistencial, con creciente desconfianza por los médicos de los hospitales públicos sobre su neutralidad en la orientación de las preferencias de los pacientes a las derivaciones a centros.

El discurso de la elección (“choice”) en el imaginario liberal, es que los consumidores bien informados, fuerzan con sus decisiones una competición entre proveedores de servicios para premiar a unos, castigar a otros, y obligar a mejorar a todos. Para ello el dinero ha de seguir a los pacientes. Pero las condiciones necesarias para que la elección sea un motor de mejora no se producen fácilmente en la sanidad: hay asimetría de información entre proveedores y clientes, y también entre proveedores y financiadores (autoridades sanitarias); hay poca información sobre calidad, y la que hay debe interpretarse en un contexto específico; y, finalmente la sanidad no es un bien de experiencia, donde el uso repetido genere consumidores altamente informados: porque enfermamos de cosas diferentes, y porque la ciencia y la técnica dejan rápidamente desactualizados los conocimientos de los enfermos.

Quizás por esto, empíricamente se muestra una preferencia de los pacientes a buscar al proveedor habitual más próximo (en primaria y en hospitales); de hecho, los centros hospitalarios configuran monopolios locales, que además son internalizados por la población como un patrimonio y activo a defender.

Si lo anterior fuera poco, en los sistemas sanitarios públicos es muy difícil hacer operativo eso de que “el dinero siga al paciente”: primero porque los hospitales menos elegidos no son fáciles de cerrar (la población local se opondría); y porque si pagamos en función de volumen de servicios prestados, será fácil que todos induzcan actividad adicional (la oferta sanitaria puede inducir muchísima demanda), de manera que se romperían el techo presupuestario. 

A menor nivel esto también ocurriría con los sistemas capitativos en los cuales el hospital de afiliación ha de pagar al hospital externo que ha prestado la asistencia: si todos cobran así, se produciría una guerra de atracción de actividad barata y rentable (partos con anestesia epidural) y de expulsión de actividad cara y ruinosa (pluripatologías con complicaciones).

Lo más trágico de esta obsesión, es que no están reñidas la libre elección y la territorialización de recursos sanitarios: en efecto, uno puede zonificar “POR EL LADO DE LA OFERTA”, de manera que se garantice una coordinación, no sólo gestora (“corbata con corbata”), sino fundamentalmente clínica (“bata con bata”). Si funciona bien, creará una senda facilitada para un 70-80% de los procesos y episodios asistenciales; y poco importará que un 20 – 30% pueda realizar su preferencia de acudir a otro centro, o de buscar una segunda opinión. Es más, como derecho ciudadano debe aceptarse esta situación y facilitar la información y el apoyo para que obtengan esta derivación, sea asistencial o de segunda opinión.

Si las autoridades sanitarias de Madrid se detuvieran a pensar, volverían a la idea de territorializar los centros sanitarios, recrear estructuras directivas y gestoras para la atención primaria, y articular la gestión de lo sanitario y lo socio-sanitario. Y abandonarían la fantasía jerárquica del meso-gestor industrial, para trabajar de manera más humilde en crear las condiciones para que las organizaciones profesionales sanitarias desplieguen todo su potencial.
                                  



miércoles, 30 de marzo de 2016

Proyecto de Ley para lo del Buen Gobierno sanitario en Madrid: el parto de los montes... distócico y patético

Ley de Buen Gobierno de la Sanidad de Madrid: el parto de los montes es un ratoncito chuchurrío.

Tanto lío para esto…

BORRADOR DE PROYECTO DE LEY DE INCLUSIÓN DE ÓRGANOS DE PARTICIPACIÓN PROFESIONAL Y DE ASESORAMIENTO EN LA ESTRUCTURA DE LOS CENTROS SANITARIOS DEL SERVICIO MADRILEÑO DE SALUD, DE PROFESIONALIZACIÓN DE SU FUNCIÓN DIRECTIVA Y DE TRANSPARENCIA, ACCESO A LA INFORMACIÓN Y BUEN GOBIERNO DEL SISTEMA SANITARIO

No merece mucho la pena un análisis pormenorizado; demasiado esfuerzo para tan pobres rendimientos. Pero sí algunos comentarios:

1- Desajuste entre el alambicado título y los contenidos; y entre el Artículo 1, que dice que el objeto de la Ley sería regular órganos de participación profesional y asesoramiento y el Artículo 4 nos habla de “órganos de gobierno y dirección”: ¿es que acaso los directivos son asesores?

2- Tras haber intentado extinguir cualquier ámbito territorial de responsabilidad de los centros sanitarios de Madrid con la extravagancia maliciosa del “área única”, ahora resulta que se necesita alguna correspondencia entre centros y territorios para articular la participación… como la Ley no sabe qué decir… pues se lo pasa al reglamento.

Sólo a modo de recordatorio de lo que dice nuestra añeja Ley General de Sanidad de 1986…
Artículo cincuenta y seis
1. Las Comunidades Autónomas delimitarán y constituirán en su territorio demarcaciones denominadas Áreas de Salud, debiendo tener en cuenta a tal efecto los principios básicos que en esta Ley se establecen, para organizar un sistema sanitario coordinado e integral.
2. Las Áreas de Salud son las estructuras fundamentales del sistema sanitario, responsabilizadas de la gestión unitaria de los centros y establecimientos del Servicio de Salud de la Comunidad Autónoma en su demarcación territorial y de las prestaciones sanitarias y programas sanitarios a desarrollar por ellos.

Ya sé que no era una parte básica de la Ley, pero eso no significa desatender el criterio de territorialización para dejar en su lugar… la nada, el totum revolutum… como aguas turbulentas donde esconder los errores de planificación y las decisiones temerarias.

3- En el órgano colegiado de gobierno, hay un desdibujamiento del papel de “consejo de administración” que debería representar a los “propietarios”; los representantes elegidos por los profesionales de la organización, que tienen sus cauces de participación y asesoramiento, no deben ocupar sillones de propietarios, sino ajustarse a su rol de empleados; en todo caso, podría aceptarse una presencia con voz pero sin voto. Y las funciones del órgano colegiado son extremadamente “light”.  Habría que dar alguna pensada más a la composición.

4- Mucho se habla de “estrategia” como misión del órgano colegiado de gobierno… pero lo primero que debería hacer la Consejería y el SERMAS es tener una estrategia… hace nueve años el modelo Madrid era el de hospitales bicéfalos (empresa pública de bata blanca+ UTE de ladrillo y bata gris); hace cinco era la colaboración público privada total (sin primaria) con externalización de bata gris y blanca a empresas privadas; hace unos meses Cifuentes reivindicó la internalización del modelo bicéfalo, para que seis hospitales volvieran a la gestión directa administrativa… Lo mismo con quitar y luego poner la Dirección General de Salud Pública… o quitar (y posiblemente reponer) la estructura de gestión territorial de atención primaria… ¿alguien cree que hay estrategia en esta danza?: ¿algún órgano colegiado o gerente de hospital podría comportarse racional y estratégicamente a esta improvisación y cambio caprichoso, impredecible y perpetuo?

5- La profesionalización de los directivos no puede juzgarse sólo por el currícula formativo o profesional, aunque este debe tenerse en cuenta. En un universo sensato (paralelo a éste en el que vivimos) existiría un posicionamiento estratégico de la red sanitaria (SERMAS) para sus centros y servicios: y se debería buscar un directivo para desarrollar este lineamiento de estrategia regional. El alto directivo debe adaptarse al proceso de cambio que se plantea. Y por eso su proyecto de gestión debería ser muy importante para su nombramiento. En este universo imperfecto y atolondrado en el que vivimos no tenemos estas coordenadas; pero al menos sería esencial contar con un proyecto de cada candidato, una exposición y entrevista realizada por el órgano colegiado de gobierno, y un informe del mismo (aunque sea no vinculante) para que la Consejería elija y nombre finalmente al gerente.

 6- Seguramente los directivos funcionales (dirección médica, de enfermería, de gestión y servicios generales) deberían ser propuestos por el Gerente para cohesionar equipo; pero su nombramiento debería atravesar un proceso de concurrencia trasparente, y posiblemente ser nombrados en el propio órgano colegiado de gobierno. En general lo sensato es promover liderazgos internos del propio centro… sabiendo además, que el papel de estos directivos debe ir cediendo espacio a los directores de las áreas de gestión clínica futuras…

7- Y, comentario final, parece una broma macabra que la Ley quiera establecer que “a los directivos se les dotará de autonomía en la gestión”, mientras que a las gerencias desde hace años  se las vacía sistemáticamente de cualquier ejecutividad en la gestión económica, contractual o de personal a favor de los servicios centrales del SERMAS, y de las Consejerías/Direcciones Generales de Función Pública y Hacienda. Seamos claros: o hay competencias de gestión, o no se le puede otorgar a un directivo lo que no está investido en su cargo.

Bien; creo que este borrador debe ser devuelto al corral. Mi consejo: si es un reto muy complicado para la Consejería de Salud de Madrid responder a los cinco compromisos  de la resolución 24/2015 de la Asamblea de Madrid, … no hagan los cinco, hagan uno… empiecen con un proyectito piloto de órganos de gobierno y concursos para gerentes… y luego cuando vayan  venciendo la incompetencia estructural heredada, ya se pueden ir animando a escribir un reglamento de estructura, organización y funcionamiento de los centros sanitarios del SERMAS. 

Digo yo…











sábado, 26 de marzo de 2016

Ampliar el horario convencional del hospital no es organizarlo como una siderurgia non-stop

 
Los  británicos andan con un plan de "apertura de hospitales 7 días a la semana"

Sin entrar en el análisis, es una más de las iniciativas para extender la capacidad productiva de los hospitales más allá de la jornada tradicional.

Empieza a ser un mantra esto de ampliar mañana, tarde, noche, sábados y domingos... Si nos fijamos bien, lo que esto significa es que la actividad (procedimientos) asume vida propia frente a la relación clínica (médico-paciente), al menos en la definición de desempeño y productividad.  Podemos preguntarnos: ¿es que la prioridad es amortizar tecnología y espacios?

Esta ocupación 100% de la semana podría tener sentido en una siderurgia, donde tiene un alto coste económico parar el alto horno. Como se diría en el viejo pre-taylorismo, adaptar el hombre a la máquina.

Pero hablamos de organizaciones profesionales: aquí los "altos hornos" son las mentes y las manos de médicos que se agrupan en equipos, que han de tomar decisiones serenas, dialogadas y compartidas... que han de codefinir con cada uno de los pacientes cuál es el objetivo y los medios de su singular proceso asistencial.

Adaptar el hombre a la máquina... y el cliente a la máquina... ¿Nos estamos volviendo tontos?

Si vamos muy justos con la capacidad instalada, ¿alguien prohíbe ampliar la red hospitalaria razonable y selectivamente (no al estilo pelotazo-madrileño-valenciano)?

¿O extender algo el horario médico por la tarde para completar las consultas de alta resolución,  completar las operaciones que se alargan, y meter algunas operaciones y procedimientos que nos hacen lista de espera por la mañana?

Y sería una excelente idea potenciar la atención primaria y controlar la medicina atolondrada especializada: más no es siempre mejor; aunque a veces sí... más diálogo con el paciente, más fortalecimiento de las comunidades de conocimiento y práctica que deberían ser los servicios clínicos y los hospitales en su conjunto. 

Y menos amontonar de forma irreflexiva actividad, exploraciones, e intervenciones, o turnos de operarios del procedimiento que vienen a horas insólitas a hacer cosas y no a tratar personas.